Alas II
y que me ayudaran,
me llevaran
hasta donde estás.
Pensé abrirlas
enormes
llenas de una libertad
que no respiro
de una libertad
que no encuentro.
Pensaba agitarlas
y sacarles el polvo
y mostrarme tal cual soy
Alada
frente a vos
Alas
tus dibujos de emociones
Podrías haberme escrito
justo antes de irte
antes de dejarme.
Podrías haber sido vos
el que me dibujara una sonrisa
el que me extendiera las alas
el que me enseñara a volar
Sin embargo
busqué el papel
y mis alas seguían cerradas
Te fuiste
temprano acobijado por la noche
y me dejaste
Sin nota,
alas rotas
con las ganas contenidas
de volar con vos.
Para mi, lentes color Amor
La nostalgia, que no se vaya

Lucas me dice que me agarró la nostalgia. Posiblemente tenga razón. Ando con los recuerdos a flor de piel. Digo ando, porque camino con los recuerdos, paso largos ratos en silencio, pensando y recordando. Funciono con lo que la vida me ofrece. Y los disparadores surgen de maneras místicas e ineludibles. Probablemente, la mudanza de mis viejos casi inminente, debió de haber movido ciertas capas de mi, que estaban acomodadas a tener siempre a mano, un lugar donde volver y llenarme de lo que fui.
¡Atenti!, no comparto la idea de "todo tiempo pasado fue mejor". Aunque Murphy conmigo se haría un festín. Mi presente es justo como tiene que ser; me regala muchas más sonrisas, y me llena de los besos húmedos de mi hijo, mezcla de dulce de leche, mocos, baba, y galletitas con jugo de manzana. Y el que diga que un beso así, es un asco, no sabe de lo que se pierde.
Mi presente tiene todo cuanto amo: un marido que se preocupa por nosotros (por nuestro hijo y por mi), el que llega de una gira agotadora, cansado y se le dibuja una enorme sonrisa cuando nos ve a Elías y a mi, tirados en el sillón y nos saluda con un -"¡Hola mis amores!"- y el que a pesar de todos mis enrollos humanos, me mira a los ojos y me dice -Te Amo- como vez primera. Un hijo que es el Rey León, cabeza dura, con unas ganas enormes de ser y que todos lo vean; dispuesto a trepar por los escalones de la vida, sin miedos a la vista. Mis padres, mi hermana y mi sobrina, mis tíos y primos, mi abuela del alma.
Con lo cual insisto, mi presente, ese que construyo cada día, y al que vivo, es inmejorable. Aún cuando tenga sus altibajos, es inmejorable.
Pero… siempre hay un pero. Estoy nostálgica, melancólica, llamativamente silenciosa; meditabunda. Nostálgica. Y parece además, que todo se ciñera en círculo, como cumpliendo ciclos.
Cuando mis viejos comenzaron con los preparativos de la próxima mudanza, volví a tener en mis manos, los diarios que escribí, hace varios años. El más antiguo data de 1986, y yo simplemente contaba 11 años. Escribía. Ya lo hacía desde entonces. Tonteras de la edad: Me gusta fulano, sultano me dijo si quería ser su novia. Mi amiga fulanita se puso de novia con menganito. Broncas del colegio, partidos de hockey con resultados y goleadoras. Las cosas que hacía y vivía. Y releerlo me dio ternura. Y vergüenza. Como si volviera a tener esos 11 años y volviera a encontrarme con la hoja en blanco, a punto de escribir. ¿Habré pensado, qué pasaría si mis padres lo leyeran?
Hay agendas/diarios de ahí en adelante, hasta mis 18 o por ahí. Es increíble lo que uno no recuerda y sin embargo el legado de la pluma y la palabra, queda inmóvil, estático y presente. Como si nada del tiempo y las circunstancias de la vida, hubieran pasado sobre ellos.
Hay papeles de golosinas pegados, que ya no existen. Tarjetas de lugares a los que iba a bailar, que se han transformado en bailantas o supermercados. Dibujos de personajes que ya no se editan, como Ziggy y otros que han resurgido, como Snoopy, Kitty y demás. Hay frases poéticas y profundas tales como: "Roses are red, violets are blue, and honey is sweet just like you".
Y si. Uno creía más en la inocencia que llevaba adentro, innata. Uno podía pintar de colores los días, tener broncas y pesadillas, y alegrías, y enjuagarlas todas juntas en un lavarropas que no desteñía.
Al unísono de toda esta revolución, apareció Leandro, un compañero de ruta de mis 13 años. Mi primer novio. Que me encontró, porque seguramente las casualidades no existen. Nos reencontramos, simbólicamente, casi veinte años después que nos separáramos definitivamente, para tomar rumbos disímiles y lejanos. Y fue ahora, justamente ahora, con mi nostalgia a cuestas.
Y en el fondo, no tan profundo, esta nostalgia que me invade, me gusta. En el fondo digo, porque no es superficial. Esta reminiscencia hacia la que fui, hizo que afirme más a la que soy. He aprendido a redescubrir cosas que había olvidado por la rutina, por tenerlas frente a los ojos, por tomarlas como cotidianas y normales.
Con mi nostalgia, el brillo vuelve a resurgir en pequeñas cosas, en guiños escondidos y hasta un poco empolvados. He sacudido telarañas. He rejuvenecido. Me he vuelto a sentir como en "ese momento", pero ahora. Y este volver a redescubrir me ha hecho volver a aprender que no tenemos que olvidarnos de mirar siempre con esos ojos "de primera vez".
El diccionario de la RAE nos dice que Nostalgia es la "tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida". Yo doy gracias que a las dichas aún no las había perdido. Simplemente me las había olvidado. Y si gracias a la nostalgia, las reencontré, VOTO PORQUE LA NOSTALGIA SIEMPRE ESTÉ.
Una buena sacudida al que somos, por parte de quien fuimos, no nos viene nada mal.
Y ahora me voy a escuchar un tango de Pugliese, tal y como me gustaba hacerlo con Lucas. A oscuras, en silencio, disfrutando de cada acorde, mirándonos a los ojos, haciendo el amor.
La ilustración es de Aitana Carrasco Inglés. Gran dibujante y cuentista. Pueden ver su blog, en el link de las cosas que leo.
Porque no piso mi pasado
Hace unos días me encontré un mail de mi hermana en la bandeja de entrada. Era un reenvío con el asunto "Holasssss2". Raro, pensé para mí, mientras pensaba que era uno de esos mails cadena que van y vienen de una casilla a otra. Restándole importancia, leí todos los demás mails. 64 para ser exacta. Cuando volví al de mi hermana, no entendía nada. Leo el mail, que claramente era para ella. Un chico le escribía, le contaba de su vida, y le decía –"pero claro!, si eras una nena la última vez que te vi"-
No logrando entender porqué mi hermana me lo había enviado, se me ocurre leer la dirección del remitente de un corto pero afectuoso mail. El apellido lo conocía, pero no podía ser la persona que yo creía. 18 años atrás conocí a una persona con ese apellido, que formó parte de mi vida. 18 años atrás.
Le escribí yo misma un mail breve, contándole de mi sorpresa de haberlo encontrado. En realidad de mi sorpresa a que me buscara, después de tantos años; después de cómo terminaron las cosas; después de tanta vida separándonos.
Pronto encontré su respuesta en la bandeja de entrada. Había leído el blog, y estaba admirado. Y asombrado. Tenía razones, nunca supo que me gustaba escribir ni que lo hacía a escondidas aún cuando él ya me conocía. Éramos jóvenes, inexpertos, inmaduros y adolescentes. Yo apenas estrenaba mis 13 y él sus 18. Y ahora 20 años nos pasaron.
Intercambio de mails mediante, risas y pedidos de disculpas, aparece en medio de un mail de él, una línea que me provoca: "…bueno, pero eso es pasado…" y aunque la oración quedaba ahí, yo leí "pasado pisado". Y me molestó. Yo lo noté, me molestó y ahí comenzó un diálogo conmigo misma.
Pasado. Me suena a olvido, a pisado, a no volverás, a por esa senda no caminarás. Y para mi pasado en particular, me resisto a pisarlo. Tiene el típico cartelito "No pisar el Pasado" como los que ponen en las plazas para no pisar el césped.
A las cosas lindas de mi pasado, las que añoro por quererlas, por haberme dibujado sonrisas, a las escenas que les tengo cariño, no las dejo en el "pasado". Las conjugo con los "aba" pero no las abandono en el "pasado pisado". Me niego a abandonarlas en una línea imaginaria de tiempo, allá atrás y a lo lejos. Fueron, eso lo tengo claro. Sucedieron en un tiempo anterior. Es decir de última, son algo que sucedió antes. Pero no son "pasado".
Diferente es lo que me pasa con algunas cosas particulares que me pasaron antes, en un tiempo anterior. Esas cosas particulares, ciertos hechos, ciertas circunstancias de la vida, a esas sí, les digo "pasado pisado" y por las dudas las cubro con un manto de amnesia selectiva y subjetiva.
Así fue como reflexionando, llegué a la conclusión de que en mi vida hay dos tipos de "pasados" que guardan en sí mismos su razón de ser.
Tengo un pasado que es pisado, con las pocas cosas olvidables de mi vida. Y tengo un pasado que simplemente ha sucedido antes, al que no llamo siquiera pasado. A éste último me remonto cotidianamente, lo reviso, aprendo, lo revivo y vuelvo a hacerlo un poco carne, para no olvidarme, ni olvidármelo.
A este, vuelvo con la convicción de que sucedió y sucede, porque forma parte de la que soy. Ese tiempo de antes, me recuerda felices momentos, amargos momentos, y de los mas o menos. Y así y todo son los momentos que he aprendido a querer, tal cual son.
Al "pasado pisado" lo dejo a un costado. Sirvió para aprender por donde mis pies no volverán a correr.
No sé cómo será tu pasado, si pisado, o simple hecho acaecido en un tiempo anterior. Sí sé, que a todos mal que nos pese (o pise) el pasado nos puede venir a buscar. Habrá que ver si estamos preparados para mirarlo a la cara, y sonreírle.