Imagine…


Tengo un amigo, un viejo amigo, que está preocupado por lo que escribo últimamente.
Es ambas cosas, viejito porque ya está entrado en años (sin ofender y muuuy en broma) y viejo porque ¿desde cuando te conozco, Lean? Exactamente desde mis 13 años… algo así como 20 años! Dios mio! Qué horror!
En fin, mi amigo está preocupado por cómo estoy escribiendo, dice que me lee triste. Llevo un mes retrucándolo.
Así fue que me mandó un mail preguntándome si estaba bien, al que le respondí sintéticamente: PERFECTO. Otro diciéndome que después de leer el blog, no me creía, a lo que le contesté que cuando nos viéramos iba a creerme. Y el tercero preguntándome si estaba en casa para llamarme porque seguía sin creerme. Creo que finalmente lo convencí cuando hablamos por teléfono, porque dejó de mandarme mails haciendo alusión a la "tristeza" que leía. En más, debió quedarse muuuuy tranquilo, porque de hecho no volvió a escribirme. (Si, esto es claramente un reclamo formal, por si preguntás después, Lean).
Cuando hablamos, le expliqué que yo puedo escribir o describir una tristeza que no siento, que no tengo y que me es ajena.
Así como ya pude escribir tres cuentos sobre personajes inventados, puedo inventar la tristeza, la alegría o la nada. Y es cierto que si bien, cuando uno escribe tiñe con su yo presente las palabras, también es cierto que existe la memoria emocional.
Yo puedo estar hoy, feliz feliz, sin olvidarme ni un poquito cómo era estar triste. A eso lo llaman aprendizaje.
Y puedo también imaginarme, jugar a pensar qué siente alguien que realmente está triste. Puedo mutar mi felicidad por la tristeza del otro, sin necesidad precisa o exacta de sentirme miserable yo misma.
El proceso inverso, a lo mejor es más difícil. Cuando estoy triste me cuesta muchísimo más escribir sobre cosas "alegres", por etiquetarlas de alguna manera. Con lo que, probablemente mi amigo tuviera razón en sospechar, pero no en dudar. Creo que si estoy triste, las otras palabras, las de la trinchera de enfrente, me cuestan un triunfo. Pero esto no es más que lógica.
Otro amigo es terriblemente chusma y me pregunta si lo que escribí, tiene personas "personajes" conocidos. A lo que más de una vez le contesté: "pero, Fer, ¡qué falto de imaginación que andás! Cuando escribo: imagino, invento, busco otras personas que sientan cosas además de mi". A lo que inmediatamente asiente, afirmando su ausencia de invención.
Finalmente mi crítico más acérrimo. De él no digo mucho más que prefiero que siga haciéndolo. Por su precisión, su honestidad, y su amor al hacerlo. Su sinceridad, por sobre cualquier sentimiento hacia mi. Es agudo. Y ha confesado, sin medios tintes, que disfruta más de mis narraciones con un toque cuasi cómico, que de las otras.
¿Todo esto a qué viene?
La imaginación no es privativa de quienes escriben.
Todos, absolutamente todos, tenemos este don. Es parte de nuestra cabeza y de nuestro pensamiento, pudiendo ser un acto volitivo o no. Quiero decir que, puedo proponerme imaginar y darme permiso para hacerlo, sabiendo que lo que resulte tendrá poco o nada de realidad. Este acto será voluntario. 
Pero también puede suceder que involuntariamente, a causa de mi deseo de que algo suceda, imagine sin hacerlo a drede, que algo está sucediendo. No sucede, pero imagino que si, un mero producto de mi imaginación.
Ante esto, será cuestión de emplear una herramienta que nos permita discernir, separar la paja del trigo, lo real de lo imaginado. Esta puede ser la evaluación concienzuda.
De lo que yo escribo, me hago cargo. Tanto de lo inventado, como de lo que no. De lo que dejo fluir a través del teclado, de una lapicera, o un crayón.
Insisto con esto, me hago cargo de todo lo que acá hay escrito. Tiene diversos fines, el primero y más obvio, que ustedes lo lean, los demás se los dejo librados a ustedes, quienes me leen.
Pero permítanme, que con el mayor respeto les diga, que lamentablemente o por fortuna, no puedo ni debo hacerme cargo de a lo que a ustedes les pasa cuando leen.
Tienen plena libertad con ello también. Libre albedrío. Serán ustedes responsables de su imaginación, y no de la mía. 
Mi recomendación es entonces: lean mucho o poco, pero háganlo desprovistos de prejuicios, desprovistos de pensamientos, desprovistos de su propia experiencia. Disfrutarán más de la lectura y les permitirá llegar más lejos y más profundo. E imaginen... utilicen el don de la imaginación para fines benéficos y solidarios. Primero para ustedes mismos, y luego para con los demás.
..."You may say I'm a dreamer
    But I'm not the only one
    I hope someday you'll join us
   And the world will live as one".
                                 Imagine by John Lennon

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