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Alma Gemela


Puede suceder en un instante
Puede llevar largos meses
años
Puede encontrarte en cualquier lugar
en cualquier estado de ánimo
venir, llenar tu vida de arcoiris
tocar tu alma
e irse
o quedarse
Lo importante
entre el ir y venir,
es reconocerla
para que no pase
como una mas


Para Pat Love, en especial.

Final


Marcos cierra la puerta con llaves y casco en la mano. 
No ha pensado el rumbo todavía, pero monta decidido. Enciende el motor. Acelera.
Avanza con el mapa del instinto. 
Las curvas del camino se le vuelven conocidas y deseadas. 
El viento lo toca como una mujer, lo besa con palabras, alimento dulce y sagrado que alguna vez probó… ¡Viento traicionero, que miente, que confunde!
El camino se abre ante él. 
En las manos, en la sangre, en la saliva, le crece una mujer. 
No hay modo de escapar de ella. Cuanto más anda el camino, está más cerca de Ella.
El motor ruge en su mente, que gira tranquila sobre las ruedas. 
En un punto lejano del camino, el sol se fuga con la tarde cálida. 
Es inevitable: el final del día se acerca. Y él ya sabe adónde va.

Fuera de Moda


He recibido muchísimos comentarios a la entrada Hombres Histéricos, Mujeres Definidas. Lo cual debo confesar, me asombró y me conmovió.
Demasiadas mujeres distanciándose de hombres histéricos, intentando hacerlo, intentando evitarlos, intentando sortearlos cual obstáculos en el camino. Y en el intento todas aunadas, pero solas desconocidas en el día a día. Y en la lucha desesperada, buscando a otras, pares, iguales padeciendo lo mismo.
Evidentemente tenemos la necesidad de buscar a alguien, que esté pasando por lo mismo, porque creo, sospecho, que las mujeres aprendemos de la experiencia, pero muchas veces de la ajena. Necesitamos compartir lo que nos pasa con otra, que pasó por lo mismo, aquella que ya vió la luz, y golpeó. Nos atrevemos a dar la patada que voltea el tablero, cuando vemos las piezas de ajedrez de la otra, desparramadas en el suelo. Entonces, juntamos coraje y entendemos que se puede. Y no sólo que se puede, sino que además debemos. Por nuestra salud, vio?
En eso, creo que vamos en desventaja. Sería fabuloso, simplemente compartir lo que nos sucedió para evaluar el abanico de posibilidades, para que no nos vuelva a pasar. Aprender de lo que sucedió, para que no nos suceda nuevamente, y evitar que se haga carne, antes de que sea tarde.
Decididamente, nos deberíamos decidir a aprender. La experiencia (ajena o propia) nos estimula, nos impulsa y nos define. Y sobre todo, nos enseña. Aprendamos.
Aprendamos a decir "de esta agua, no has de beber" antes de encontrarnos en el Titanic, porque hombres histérios, están ya fuera de moda.

Hombres Histéricos, mujeres Definidas

Ya sé, lloverán miles de mails y denuncias masculinas, con sólo leer el título. Y está bien, la réplica enriquece y estimula, como dice mi amigo Miguel. A mí particularmente me hace pensar y rever mis propias conclusiones. De esto largo sabrá Lucas, que es quien más de una vez, se sienta, me mira, me escucha y con el tono de voz más inocente me lanza la peor de las sentencias. A las que declaro, me he denominado casi siempre "culpable".

Los hombres están histéricos. Por ahora lo planteo en términos afirmativos, aseverándolo.

Han devenido en seres sin decisión suficiente para sostener lo que provocan o alimentan.

Ciclotímicos e inestables. No sueltan, pero tampoco sostienen.

El que hoy te quiere, mañana estará confundido.

El que se moría por llevarte a la cama, no avanza por miedo. Aún me pregunto ¿miedo a qué? A lastimarte, a enamorarse, a que le gustes demasiado, a que te confundas, y e te ce, e te ce.

El que hoy te ama, mañana te querrá mucho, pero te pedirá ir más despacio ¿qué cuernos es ese invento de ir más despacio? ¿a dónde, hacia qué?¿quién lleva un velocímetro?

El que venía impulsando una posible relación, caerá en el letargo

El que te llamaba todos los días, de pronto olvidará tu teléfono, el cual no sonará más.

El que hasta ayer moría por verte, hoy mira para otro lado.

Y así las cosas están dadas. Y una, se queda como si hubiera perdido un capítulo de la serie.

Lo cierto es que los hombres no se deciden, y se transforman para nuestros ojos en pseudos falsos profetas. Dicen pero no hacen. Hacen, pero se retraen.

Y las mujeres, caemos en la desilusión y frustración, del otro lado.

Intentamos entenderlos y adaptarnos. Cargamos con culpas y malos entendidos sobre nuestras conciencias y espaldas. Nos volvemos adictas a intentar decifrar mensajes de texto rebuscados, porque nunca llaman para decir esas cosas que consideramos importantes, y esperamos nos digan, lo que ni ellos saben.

Les estamos pidiendo demasiado, porque a lo mejor esperamos demasiado, y eso es culpa nuestra.

¿Será que los hombres están faltos de compromiso para lo que dicen?

¿Será que pensaron después de hablar? ¿o habrán pensado que en realidad, a las palabras se las lleva el viento, y el "delete"?

Las mujeres nos agarramos de lo que dicen porque poco es lo que hacen. Su decir, no va con su hacer. Y entonces media palabra tiene más peso que mil silencios.

Así estamos, esclavas de lo que dicen, prisioneras de lo que no hacen. Perdidas. Desorientadas.

Las mujeres hemos aprendido a vivir el momento, a decir lo que pensamos y a sentir lo que hacemos.

A lo mejor nos hemos decidido dejar a un lado nuestro costado histérico y el miedo al que dirán, y nos lanzamos a pasar "un buen rato" o "toda la vida" ¿quién lo sabrá?

Será el tiempo en que ellos anden indecisos y nosotras absolutamente decididas a gozar

Y habrá que buscar el que mejor se adapte a las exigencias, sin esperar nada.

Como dice Bucay en uno de sus libros, si así lo hacemos, tendremos asegurada la felicidad.

Porque cuanto menos esperás, lo que te llegue será mucho más.

Un espejo donde mirarme

Los espejos suelen ser un lugar donde podemos mirarnos: las canas, las arrugas, los dientes. Podemos maquillarnos, afeitarnos, arreglarnos el pelo, acomodarnos la corbata.
Los espejos nos devuelven esa mirada de nosotros que resulta imposible sin la existencia de ellos.
Sin espejos, tenemos a quienes nos miran, nos entienden y nos devuelven, una mirada diferente, de nosotros mismo. Una diferente acertada mirada.
Acá el espejo de mí, en palabras de Guillermo, en su blog.
Un honor...




martes 5 de agosto de 2008

Para "la vida en letras" de Laura Nardi
Laura, colega y amiga eterna, mami de Elías, tiene el encanto de ser una mujer – niña.
Y de niña a mujer camina por la calle, indiferente a las miradas, de mujer, el cuerpo, de niña , el alma.
Tu cara de muñeca, tu cuerpo de primavera, descubre el amor en tu corazón por vez primera.Todo es maravilloso, todo alegría, ignorando los otoños que han de pasar por tu vida. Sueñas con tu chico amado, el que nunca de dejará, quien te promete amor eterno y eterna felicidad. Pero de repente, casi sin querer, se marcha aquella niña, nace la mujer.
La vida es más monótona, se recorta la ilusión, los sueños ya no son reales y se endurece el corazón.
Escucha niña, cuando te alaben llamándote bella, o te humillen llamándote fea, no escuches a nadie. Sólo quieren encerrarte en el espejo de una soledad diferente. Tú debes vivir, no debes agradar, la belleza está en la vida.
Cuando te lean Caperucita Roja, te quieren mostrar el miedo de escoger por tí misma el camino. Estáte atenta, niña, los verdaderos lobos son todos aquellos que matarán tu libertad.
Cuando te lean Blanca Nieves es para convertirte en sirvienta, aunque sea de un hombre tonto y enano. Rebélate, niña, es humillante servir si no es un gesto recíproco.
Cuando te lean la Bella durmiente te estarán inyectando un potente veneno para frenar tus ideas, así, cuando seas mayor, un hombre sin muchos problemas será dueño de tu cerebro. No te duermas, niña !! Tu inteligencia les da miedo, por eso te llaman tonta.
Pero, cuando te dicen que eres inteligente, no te fíes demasiado, niña, quieren quizás intentar que aceptes sus posturas interesadas.
Cuando te dicen que eres dulce y buena, ponte en guardia, quieren decir que te tienen en el bolsillo y controlan los latidos de tu corazón. ¿Eres dulce o te han domesticado ?
Cuando te dicen que eres pulida y ordenada, pobre niña, estas ya enmohecida, han hecho de tí una estatuita que no se ensucia porque no se mueve.
Cuando te enseñan a vivir triste, prueba la locura, niña. El dolor es una realidad que se debe afrontar cuando se presenta, no un valor sobre el cual edificar la vida. Sobre nuestras rentas infelices demasiados hombres han vivido.
La felicidad es el mayor desafío. ¿Quién cree ya que es una utopía?
Publicado por guillermo en 7:48

Polillas



Hace ya un tiempo, mi amiga Verónica Ruscio, planteó en mi mente un interrogante interesante. E inquietante.
¿Son las polillas las hermanas feas de las mariposas?
Mi mente rodó y se precipitó a escribir esa frase, que Vero había dejado al paso en una nota suya, sobre insectos (Insectos. Por Veruscio)
Comencé a pensar en todas las historias que hay sobre feos… Cenicienta, y sus hermanastras horribles, quienes a su vez son malvadas. El patito feo, que no era malo, pero que soportaba que lo discriminaran por serlo. Claro, al final se transforma en un cisne, y los feos pasan a ser los patitos, hermanos adoptivos de éste. Las malvadas de Blancanieves y la Bella durmiente, se transforman en viejas horribles para llevar adelante planes maléficos, hacia las hermosas heroínas.
Cuando un príncipe es maldecido, el conjuro de la hechicera, lo vuelve un sapo. Y los sapos son feos por definición. ¿A ver quién se anima a darle un beso a un sapo, para ver si termina mutando en un bello caballero?
Lo mismo en la historia de "La Bella y la Bestia". Por definición si una es la bella… la otra es una cosa fea. En Shrek, el burro quiere transformarse en un bello corcel, y el Ogro en un bello caballero. Burro y Ogro vendrían a ser entonces sinónimos de fealdad, también.
Así el mundo de los cuentos para nuestros pequeños, está plagado de feos malos, y buenos que han sido transformados en feos, en forma de castigo.
Lo cierto es que, tendríamos que enseñarles que la fealdad no tiene nada que ver con lo que guarda dentro una persona. No deja de ser una cualidad, es cierto, pero no define ni el carácter ni la personalidad del otro.
Los parámetros de belleza, hoy tan cuestionados por la bulimia, la anorexia, los talles pequeñísimos, (en los que yo desde ya, no entro) la belleza vacía, sin contenido, sin sustento, esa belleza debiera de ser condenada. Y que se entienda bien, condenada por que no es sana, no por prejuicio, ni envidia.
Las polillas son bien feas… y podrán ser malas, según como se las mire: Si me acaban de agujerear el sweter que amo, ese que me tejió mi abuela, serán las peores porquerías del mundo. Con todas las letras FEAS y MALAS. Pero mirándolas desde la perspectiva de la cadena alimentaria… ¡Pobres vichos, de algo se tienen que alimentar! Eso sí, ¡que no sea de mis sweters!

Imagine…


Tengo un amigo, un viejo amigo, que está preocupado por lo que escribo últimamente.
Es ambas cosas, viejito porque ya está entrado en años (sin ofender y muuuy en broma) y viejo porque ¿desde cuando te conozco, Lean? Exactamente desde mis 13 años… algo así como 20 años! Dios mio! Qué horror!
En fin, mi amigo está preocupado por cómo estoy escribiendo, dice que me lee triste. Llevo un mes retrucándolo.
Así fue que me mandó un mail preguntándome si estaba bien, al que le respondí sintéticamente: PERFECTO. Otro diciéndome que después de leer el blog, no me creía, a lo que le contesté que cuando nos viéramos iba a creerme. Y el tercero preguntándome si estaba en casa para llamarme porque seguía sin creerme. Creo que finalmente lo convencí cuando hablamos por teléfono, porque dejó de mandarme mails haciendo alusión a la "tristeza" que leía. En más, debió quedarse muuuuy tranquilo, porque de hecho no volvió a escribirme. (Si, esto es claramente un reclamo formal, por si preguntás después, Lean).
Cuando hablamos, le expliqué que yo puedo escribir o describir una tristeza que no siento, que no tengo y que me es ajena.
Así como ya pude escribir tres cuentos sobre personajes inventados, puedo inventar la tristeza, la alegría o la nada. Y es cierto que si bien, cuando uno escribe tiñe con su yo presente las palabras, también es cierto que existe la memoria emocional.
Yo puedo estar hoy, feliz feliz, sin olvidarme ni un poquito cómo era estar triste. A eso lo llaman aprendizaje.
Y puedo también imaginarme, jugar a pensar qué siente alguien que realmente está triste. Puedo mutar mi felicidad por la tristeza del otro, sin necesidad precisa o exacta de sentirme miserable yo misma.
El proceso inverso, a lo mejor es más difícil. Cuando estoy triste me cuesta muchísimo más escribir sobre cosas "alegres", por etiquetarlas de alguna manera. Con lo que, probablemente mi amigo tuviera razón en sospechar, pero no en dudar. Creo que si estoy triste, las otras palabras, las de la trinchera de enfrente, me cuestan un triunfo. Pero esto no es más que lógica.
Otro amigo es terriblemente chusma y me pregunta si lo que escribí, tiene personas "personajes" conocidos. A lo que más de una vez le contesté: "pero, Fer, ¡qué falto de imaginación que andás! Cuando escribo: imagino, invento, busco otras personas que sientan cosas además de mi". A lo que inmediatamente asiente, afirmando su ausencia de invención.
Finalmente mi crítico más acérrimo. De él no digo mucho más que prefiero que siga haciéndolo. Por su precisión, su honestidad, y su amor al hacerlo. Su sinceridad, por sobre cualquier sentimiento hacia mi. Es agudo. Y ha confesado, sin medios tintes, que disfruta más de mis narraciones con un toque cuasi cómico, que de las otras.
¿Todo esto a qué viene?
La imaginación no es privativa de quienes escriben.
Todos, absolutamente todos, tenemos este don. Es parte de nuestra cabeza y de nuestro pensamiento, pudiendo ser un acto volitivo o no. Quiero decir que, puedo proponerme imaginar y darme permiso para hacerlo, sabiendo que lo que resulte tendrá poco o nada de realidad. Este acto será voluntario. 
Pero también puede suceder que involuntariamente, a causa de mi deseo de que algo suceda, imagine sin hacerlo a drede, que algo está sucediendo. No sucede, pero imagino que si, un mero producto de mi imaginación.
Ante esto, será cuestión de emplear una herramienta que nos permita discernir, separar la paja del trigo, lo real de lo imaginado. Esta puede ser la evaluación concienzuda.
De lo que yo escribo, me hago cargo. Tanto de lo inventado, como de lo que no. De lo que dejo fluir a través del teclado, de una lapicera, o un crayón.
Insisto con esto, me hago cargo de todo lo que acá hay escrito. Tiene diversos fines, el primero y más obvio, que ustedes lo lean, los demás se los dejo librados a ustedes, quienes me leen.
Pero permítanme, que con el mayor respeto les diga, que lamentablemente o por fortuna, no puedo ni debo hacerme cargo de a lo que a ustedes les pasa cuando leen.
Tienen plena libertad con ello también. Libre albedrío. Serán ustedes responsables de su imaginación, y no de la mía. 
Mi recomendación es entonces: lean mucho o poco, pero háganlo desprovistos de prejuicios, desprovistos de pensamientos, desprovistos de su propia experiencia. Disfrutarán más de la lectura y les permitirá llegar más lejos y más profundo. E imaginen... utilicen el don de la imaginación para fines benéficos y solidarios. Primero para ustedes mismos, y luego para con los demás.
..."You may say I'm a dreamer
    But I'm not the only one
    I hope someday you'll join us
   And the world will live as one".
                                 Imagine by John Lennon

Mediocridad, si tienes dueño.


Recordarán esa estrofa de la canción que rezaba: "Felicidad, no tienes dueño".


Venía a colación de que a un fulano, parecía que siempre se le escapaba la felicidad. Era porque la felicidad, no era ni es de nadie. Y es un poco o un rato de todos.


Efímeros momentos en que nos viene a visitar. O por lo menos, para nuestros ojos parecieran efímeros.


Breves instantes felices. Felices con MAYÚSCULAS, felices de verdad.


Puede que también suceda que la felicidad sea como las olas del mar, que están siempre, pero a veces cerca y otras más lejanas.


La felicidad, además de no tener un dueño, en la canción sonaba a escurridiza como un manojo de arena, o de sal. La cuestión es que el pobre hombre la buscaba, la llamaba y la felicidad se le retobaba.


¿Qué tiene todo esto que ver con el título? Dirán con razón. A lo que les contestaré: TODO.


Exijo un cambio drástico. Exijo que la mediocridad se vuelva sin dueño, lejana y escurridiza. Y la felicidad lo contrario. Porque me he topado con la más baja de las mediocridades, y la he padecido. Lógicamente uno quiere ser siempre feliz, y no ser mediocre. Ni obtener la felicidad siéndolo. Por eso levanto en este momento la bandera contra toda manifestación de mediocridad, y sus títulos de propiedad. Porque la mediocridad está al acecho, y tiene dueño. Uno o muchos.


Yo sé de su nombre. Su nombre y apellido. Uno de los titulares de dominio apareció exhibiendo sus credenciales. Y fue de tal bajeza y cobardía que logró poner en funcionamiento mi sistema de armas, alertas y escudos de defensa.


La mediocridad hace del ser humano, algo que el mismo ser humano no se merece. Lo desprestigia. Le quita la magia, la poesía. Lo vuelve un ser mediocre, que según la Real Academia española es lo siguiente: "mediocre. (Del lat. mediocris). 2. adj. De poco mérito, tirando a malo.


Me ha sacudido la realidad. Y lo hizo con sigilo y bajeza. En mi ámbito común, en el seno de mi vida. Y me ha golpeado. Me hizo pensar y me hirió. Tanto de ida como de vuelta.


Pensé en escribir Notas de Lectores a diarios y revistas, quiero hacerlo público, de conocimiento masivo.


Estoy harta que los mediocres ganen cocardas doradas, se lleven los méritos, y sean gente a la que le creen. Que sean gente que predican "la igualdad, la equidad y el estar con el pueblo". Que se llenen la boca hablando de los desaparecidos, de la justicia, de la verdad y que finalmente resulten, injustos, cobardes, embusteros, capitalistas y poco solidarios. Ni qué hablar de justos. Son los más injustos, y la equidad creen que es una cuestión de caballos (por lo de equinos).


La mediocridad al contrario de la felicidad, a esta señora no se le escapa.


Sus palabras, con las que se llena los ojos de lágrimas, y los bolsillos de dinero, pueden buscarlas y leerlas y releerlas. Suena todo a JUSTICIA y VERDAD. ¡Tan lindo!


Créanme, lo que predica, no lo aplica.


Ayer 19 de marzo de 2008, despidió por intermedio de otra persona, a cuatro personas que trabajaban con ella. Las despidió sin justa causa. Sin ninguna causa, en realidad. Las dejó sin trabajo, y sin pan. No hubo cuestiones económicas, ni cuestiones personales. Simplemente se le cantó. (sabrán leerme entre líneas, ¿verdad?)


Así como se le cantó, mandó a otro a hacerlo. Porque su título de propiedad sobre la mediocridad, no le permitió dar la cara.


No habló con "su gente". No dio explicaciones. No hubo llamadas. No hubo reuniones.


De los que se llenó la boca hablando maravillas y a quienes tildaba de imprescindibles, fueron meros envases descartables. Sus palabras simplemente se las llevó, un río que suena.


No hubo indemnizaciones, no hubo explicaciones, no hubo justicia, ni igualdad, ni equidad. Tampoco verdad.


Quien se esconde detrás de sendos mensajeros más que verdad es una MENTIRA.


Gracias a Dios, todavía la hilacha se sigue viendo. Y aunque nos decepcionemos, nos duela y nos confunda, siempre es mejor saber con qué bueyes se ara.


Mediocridad, si tienes dueña.


Y ojalá Nunca Más seas como la felicidad "que de a ratos te conviertes en realidad".







Vacío

Hoy creo que la inspiración
me abandonó, se fue con otro, que me la robó.
Tal vez fueron más seductoras sus manos, sus huellas, sus metas.
Y entonces me encuentro seca, vacía, sin palabras.
Siento, pero no encuentro ¿dónde fueron mis bellas palabras?
No encuentro ni un remoto lugar en mí, que pueda traducir, dibujar,
y llevarme hasta donde quiero llegar.
Y me quedo en silencio, en mi inmenso vacío.
Tic Tac
El reloj suena fuertísimo
en el insondable silencio de la noche, a su ritmo y sin parar.
Todos duermen, y el cursor de mi pantalla
titila lento, triste, sin nada qué contar.

¡Te lo dije!

Necesito un plumero. Un plumero grande, para borrar como se dice comúnmente, de un plumerazo, eso de "te lo dije". Frase que te arrincona y te deja estático.

Dejemos que nuestra cabeza vuelva a cualquier situación, donde nos encontremos con el "te lo dije". Padres diciéndolo, tíos diciéndolo, novios diciéndolo. Busquen por donde sea. ¿no es odiosa?

Situación X, donde en una charla alguien te advierte sobre algo que va a suceder. Me pregunto, y les pregunto: ¿qué tiene, la bola de cristal? ¿Cómo puede ser que el otro, que ni siquiera está metido en problema en cuestión, sepa que algo va a suceder de determinada manera? Pues parece que el único que no lo ve, es uno mismo. Parece que el otro por el mismísimo hecho de no estar prácticamente involucrado, ve algo que nosotros no vemos. Entonces nos advierte, nos aconseja, nos muestra eso que no vemos. Cuestión, nosotros vemos otra cosa, y con lo que vemos nos mandamos a actuar, a decidir. Nos metemos de lleno en el Hacer. Y hacemos. ¡Vaya si hacemos! Pero, gran problema: Hacemos y nos sale todo al revés de lo que pensamos. Hacemos y terminamos hasta el cuello. Entonces llega la sentencia del otro, ese que parecía tener la bola de cristal: "Te lo dije".

Detesto ese "te lo dije". Pero lleva toda la razón del mundo. Me lo dijo. Y si me lo dijo, tiene razón en repetírmelo. Pero el problema es que suena a dedo acusador. Detesto los dedos acusadores. Además uno queda en evidencia para con uno mismo: Si me lo dijo, ¿por qué demonios no hice lo que me dijo? ¿Orgullo herido? Tal vez, y lo detesto.

Siguiente: "¿no te lo dije?". Ahí estamos sintiéndonos los últimos en saber de algo o de alguien. Todos están hablando de algo, que uno no entiende. Se rien, hacen comentarios, opinan. Y uno está ahí como mirando un partido de tenis, pero creyendo que es un deporte desconocido. Intenta pescar el hilo de la conversación. Trata de pensar qué parte se perdió, si se quedó dormido y no se dio cuenta. Si lo que están diciendo puede aplicarse a algo que conoce o sabe. Pero aún cuando pone todo su esfuerzo intelectual, todo su esfuerzo mental, no logra entender bocado. La conversación está sucediendo justo frente a sus narices. Es más, lo están haciendo partícipe de la conversación, pero no entiende ni jota. Intentando no quedar como idiota, pregunta tímidamente: "¿de qué estamos hablando?" sintiendo que esa misma pregunta vendrá con la respuesta de que uno no entiende nada, y que en definitiva Es un Idiota. Y llega la odiosa frase: "ah! ¿no te lo dije?". Uno no era idiota, sino que era "el último orejón del tarro", el último en enterarse. Uno no sabía, pero Uno siente que le titila un cartel luminoso en la frente que reza: "Tonto".

Otra. Momento en que uno reconoce haberse equivocado. ¡Con lo que cuesta! Pero ahí está uno, reconociendo que se equivocó. Planteando el porque de su error, de su desliz. Con el ánima por los suelos, y con el corazón abierto. Sincerándose. Y ahí está el otro que escucha, y que cuando uno termina de desnudar sus defectos, lanza: "si bueno, pero yo te lo dije, ¿o no?". Agua fría por doquier y uno empapado. Maltrecho y empapado. Desnudo y empapado con esa agua fría. ¿No entiende, que sé que me equivoqué? ¿Me tiene que volver a resaltar mi error? Una vez más, titila el cartel: Idiota. Más dedos. Que para esta altura ¡son tantos!

Ultima. Cuando es uno quien dice: "te lo dije". Cambia el ángulo, pero lo detesto tanto como del otro lado. A uno le sale sin pensarlo. Se le despierta esa especie de Juez que uno lleva adentro. Porque vos le avisaste. Porque vos lo viste y le avisaste para que no cayera en la trampa. Porque vos viste algo, que el otro no estaba viendo, y quisiste advertirle, quisiste ayudarlo, quisiste avisarle, quisiste marcarle. Y el otro hizo la vista gorda. El otro ¿dónde estaba cuando le hablaste? Pareciera que ni se molestó en escucharte, y se mandó. ¿Para qué me preguntó, si iba a hacer cualquier otra cosa, restándole entidad a lo que veías? Detesto decirle a otro: "te lo dije". Una porque le estoy marcando un error, y detesto andar remarcando errores. Otra porque el otro no me escuchó. (egocentrismo total, pero cierto)

Lo único cierto, es que cada cual hace lo que puede con lo que tiene, de la mejor manera que pueda.

Ahí está. TE LO DIJE.

Infidelidad: De vos, nadie habla.

Existís, pero te evitan. Evitan hablar de vos. Porque por algún motivo, causás molestia. Porque por algún motivo, dolés.

Me refiero a la infidelidad en el amor, en la pareja. No a aquella que hace referencia respecto a una creencia religiosa. Ni siquiera a la infidelidad para con uno mismo. No. Yo me refiero, a la infidelidad que todos conocen como una fuerza devastadora, capaz de tumbar al más fuerte y seguro. A esa que cuando llega, parece no dejar nada en pie.

Curiosamente, suele ser un secreto de a dos, aunque implica a tres o cuatro personas, dependiendo de las circunstancias. Y puede llegar a ser un secreto de varios, si los comentarios o los ojos de otros han llegado hasta el "tesoro escondido". De una forma u otra, lo que no cambia es ley: el último en enterarse es el damnificado. Y cuando esto sucede, todo parece desaparecer ante ella.

La infidelidad arrasa con los sentimientos. Provoca dolor, depresión, incertidumbre e ira, entre otras. Puede venir acompañada de perdón, pero jamás de olvido. Puede transformar tu vida en un continuo asecho, colmado de incertidumbre y duda.

Inexorablemente termina por dejar una huella, una herida que, a pesar de cicatrizar, queda la marca.

Nadie habla de vos, porque si de vos se habla, algo malo sucede. O ya sucedió.

Nadie habla de vos, porque te temen. Porque no sos bienvenida. Porque en definitiva marcás que algo no anda bien. Sos el dedo índice acusador, el juez sentenciante de la pena de muerte.

¿Y a quien le gusta admitir, que algo no anda bien? ¿a quien le gusta saber de tu existencia, señalándonos un final, señalándonos un dolor?

Por eso, mejor de vos, No hablar.

Es más, ojalá, no existieras.


 

Recuento.

Me Culpa: Yo fui infiel, y me hago Responsable.

Me hago responsable de que a alguien engañé. Que a alguien le mentí. Nunca llegó a enterarse que lo engañaba, ni que yo le era infiel.

Esa parte de la cuestión me alivia la carga de escribir esto que escribo. De lanzar este hecho del anonimato, a la luz. Porque decidí, que de la infidelidad, también hay que hablar.

Fui infiel, engañé a alguien, pero por suerte, él nunca lo supo. Y este hecho (el que no lo supiera) no me alivió en aquél momento, ni me alivia ahora la carga de haberlo hecho. Me parece que el saber del otro, agrega dolor, pero no quita nada al hecho en sí. Uno siente que está al límite. Uno está pensando todo el tiempo qué decir, y cómo decirlo, para no quedar al descubierto. En definitiva, no sólo uno es infiel sino que además, se termina transformando en una máquina de pensar. De pensar mentiras. Entonces no sólo sos infiel, sino que además, sos un mentiroso. Y si encima, tenés la "desgracia" de que el otro se entere, terminás siendo también, un terrible desgraciado. (La mentira tiene patas cortas, nos guste o no)

Cuando uno es infiel, traiciona la confianza que el otro nos brindó. Y nadie, ni el más tirano y villano de los seres humanos, merece que traicionen su confianza. Porque siendo infiel, estás traicionando nada más y nada menos que la confianza del otro en vos. El otro, cree en vos. No como un Dios pagano. No. Cree en vos, en el ser humano que tiene frente a sí, que no hizo ninguna cosa milagrosa. Cree en vos, lisa y llanamente. Cree en que no vas a mentirle, ni a traicionarlo, y en lo posible, que no vas a herirlo.

Esta confianza, que algunos la dan con cuenta gotas, y atravesando varias pruebas, y que otros otorgan como un cheque a la vista, debería de ser cuasi sagrada. El otro confía en vos, se entrega, y cree en las cosas que le mostrás, que le decís, y que hacés. Pero vos, digamos que no sos del todo sincero, ni del todo confiable.

Yo no fui sincera, y menos aún confiable. El tiempo se encargó de que llegara una sentencia, de que terminara con aquella relación, y que entendiera cuánto daño pude haber hecho, aún cuando el otro no se enteró nunca de lo que hice.

No sé si fue castigo, o algo que tenía que pasar, para que en definitiva llegara hoy, hasta donde llegué. Puede ser un poco de ambas. Lo que sí tengo claro, es que de aquello aprendí. Ya no hablo de infidelidad, no porque no quiera, sino porque aprendí. No porque quiera evitar el tema, sino porque aprendí. La confianza del otro debe ser tan sagrada, como el sol que sale todas las mañanas. Y que crean en vos debería de ser un premio que atesorar, y no que pisotear.

Habrá muchas cuestiones a tener en cuenta, que nos pueden llevar o no a caer en la infidelidad. De uno u otro lado, puede haberlas. Yo me propuse que si las hay, ante todo hay que sincerarse. Hay que hablar, hay que poner todo sobre la mesa. Nos guste o no. Y por respeto al otro, soltarlo si fuera necesario, antes que engañarlo. Dolerá un montón, pero no más que ver dolorida a la otra persona, cuando ya sea tarde.

Nuevamente cambios


No sé si los que están leyendo ahora, llegaron antes o después de los miles de cambios que hice al blog. Para los que sí, les cuento que no lograba encontrar una página que me gustara, después de armarla y desarmarla un millón de veces. Eso hasta ahora.
Creo haber encontrado la que sí me gusta definitivamente. Eso claro, hasta que algún reventado saque en internet otro modelo de plantilla y me arruine esta emoción de creer haber encontrado el formato que se ajuste a lo que quiero. ¡qué raro suena eso!

En un intento por dejar algo bueno, estoy trabajando constantemente en el blog. Porque espero armar con el tiempo algo que pueda resultarles de alguna u otra forma LINDO. Para cosas mediocres y feas, mejor me compro una Paparazzi, o veo el Noticioso, como dice mi abuela.
Gracias a todos los que ya se tomaron el trabajo de entrar y ver, y leer!
Como buenos amigos me han escrito mails felicitándome; pero ninguno dejó su comentario en la página. Después de meditar "por qué sí un mail, y no un comentario en la web?" llegué a la conclusión que más de uno teme a lo mismo que yo!
Pero leer esos mails, me ha hecho tener más ganas de seguir en esta extraña empresa en la que me embarqué.
Espero que todos se animen, y hagan aportes, con lo que quieran, sientan o tengan ganas. Así esto crecerá.
Como ya dije, revisen, hurgueteen, aconsejen, recomienden. En fin, todo lo que les parezca!

Espero verlos seguido.... compartiendo letras!