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Síndrome Peter Pan II

¿Tenés dentro un Peter Pan?

Edad madura, mente joven

• Peter posee el deseo interno de ser cuidado, que sus demandas sean satisfechas, y da por sentado que los demás se encargarán de todo eso. Se sorprende y se enfada si no es así. Además considera que sus necesidades son apremiantes, que no se pueden postergar.

• No cree que tenga la obligación de contribuir a amar, dar o hacer. Más bien su inquietud se concreta en recibir, pedir y criticar.

• No está hecho para la vida adulta. No puede cumplir promesas, mantener un trabajo, una pareja, una casa, porque no se puede comprometer. Nada puede obstaculizar su libertad.

• Cambia constantemente de pareja, prefiriéndolas más jóvenes. Así es más fácil mantenerse lejos de los compromisos serios.

• Las necesidades básicas de Peter suelen ser cubiertas por otra persona, alguien que le gusta cuidarlo. Aunque esa otra persona sienta un cierto malestar por el abuso, no hace nada al respecto, para no provocar conflictos a Peter.

• No se responsabiliza de sus emociones, siempre cree que el otro es el responsable de sus sinsabores y contrariedades.

• Está centrado en sí mismo, sus disgustos, su rabia, su desaliento, su estrés, su trabajo excesivo.

• Lleva una vida más propia de un joven estudiante, entusiasta, entregado a una aparente alegría, que se acerca a las mujeres de forma inconstante

• El papel de la persona que cuida a Peter puede estar encarnado por una madre, una hermana, un padre o una esposa, la colega de trabajo que sustituye a la madre.

Parecería que el único compromiso que asume Peter Pan es evitar todo el tiempo el compromiso


 

Detrás de todo Peter Pan hay una Wendy

Y yo digo ¿por qué una Wendy? ¿Por qué no una Campanita?

Parece que el psicólogo Dan Kiley, que definió el 'Síndrome de Peter Pan', utilizó también el término de 'Síndrome de Wendy' para describir a las mujeres que actúan como madres con su pareja, o con la gente más cercana. Wendy es aquella mujer que se encuentra detrás de un Peter Pan. Para que exista un Peter Pan siempre tiene que haber alguien que asuma y se encargue de lo que este sujeto no hace. Wendy toma todas las decisiones y asume las responsabilidades de su pareja, justificando su informalidad ante los demás.

A falta de una ruta psicológica, yo digo que si hay un Peter también hay una Campanita, pudiendo además haber una Wendy. Campanita vendría a ser la confidente del sujeto "peter", quien lo encubre, lo justifica, lo acompaña y a la que no le molesta, sino todo lo contrario, que el hombre siga siendo un niño. Campanita ama a Peter tal cual es, es más, desea mantenerlo lejos de toda Wendy que quiera acercarse. Campanita quiere jugar y divertirse con Peter, lo acepta, y de él está enamorada. Será porque ella misma es una niña en espíritu.


 

Objeciones conducentes

Pero en realidad ¿A quiénes molestan los Peter Pan?

Desde nuestra humilde apreciación, que haya "peterpanes" no debería molestarle a nadie. Digamos que a nadie que no supiera exactamente con quién está. Si prima la honestidad, Peter no debiera de cosechar enemigos. No habría Capitanes Hook que quisieran terminar con él.

Tal vez puede molestarles a aquellos que deseando ser como él, no han podido. Esconden los deseos de volar libremente de aventura en aventura, y reprimen sus instintos de niño, de adolescente, de solterón y aventurero. No por convicción sino por condicionamientos. Los sociales, los familiares, mandatos impuestos aceptados como correctos, como moralmente ideales. En lenguaje simple y vulgar, por pura envidia.

Un Peter Pan sincero con los demás, no hace más que dejar que lo elijan o no. Si el sujeto que padece el "síndrome" es sincero consigo mismo y se acepta como tal, y además le da el cuero para ser sincero con su entorno y sus relaciones, nadie puede venir a recriminarle nada. Nadie puede acusarlo. Porque él avisó. Por lo tanto, en este punto, si media sinceridad por parte del "peterpan" no habrá mujeres, amigos ni familiares que puedan enojarse con él. Ser "peterpan sincero" tampoco puede dañar a nadie. Y a quien no le guste, es libre de dar media vuelta, e irse.

En definitiva, y con todas las letras ¿está mal manifestar abiertamente no querer asumir compromisos? Alguien dijo alguna vez:

"es de sabios decir esta no es mi batalla por lo tanto me repliego"

Cuántos muertos quedarían en el camino por asumir una batalla en pos de conformar a unos cuantos que miran, que juzgan, que critican, con la critica ácida e inconducente, pero que cuando están a solas, se sienten liberados y añoran ser un peter pan más.

Cuántos "responsables" asumieron compromisos que no supieron sostener en el tiempo y que luego dejan el tendal de fracasos no resueltos y lo que es peor, de hijos desparramados por doquier, negocios quebrados , relaciones a medias , estudios no completados, casas a medio construir etc etc.

¿Qué tiene de malo tener a una campanita al lado, que lo ama y lo acepta tal cual es?

Libre albedrio, reza la biblia. El único fiscal y juez, gracias a Dios (valga la redundancia) está en un plano superior.

Ulpiano, el jurista romano, decía no dañar a nadie, vivir honestamente y dar a cada uno lo suyo… Entonces, dejad que los peters panes vuelen alegremente por ahí en tanto no se conviertan en dráculas o vampiros, que te sorben la sangre, la alegría y las esperanza.

Nuestro voto entonces, va a los peter panes no dañosos, honestos y que enfrentan querer ser exactamente como son, con buenas intenciones y sin necesidad de obtener, mediante el engaño, la satisfacción de sus propios deseos.

Síndrome Peter Pan I (y las ganas de Luis de escribir)

Hace algunas entradas, me encargué de describirme como la mezcla entre Campanita y Betty Boop. Comentarios de todo tipo llegaron a mi casilla. Pero lo más interesante y gracioso fue que a raíz de lo escrito surgió una broma generalizada, con mi amigo Luis. Se empeñó ferviente y constantemente en pedirme que escribiera sobre Peter Pan. Y no como ícono de las películas infantiles, sino como síndrome o personalidad que viene afectando a hombres de este nuevo siglo. A la rueda de pedidos se sumó Guillermo, que seguramente aportará la parte psicológica que yo no tengo.

Haciendo justicia a todo este movimiento de ideas, decidí armar un grupo de trabajo, y hacer esta entrada/aporte en conjunto con ellos. Así que por primera vez, escribiremos en este blog, Luis, Guillermo y yo. Espero les guste. Nosotros nos divertimos muchísimo haciéndolo. Ahí va…

Síndrome Peter Pan

Hablemos con sinceridad. ¿A quién no le apasionó la historia de Peter Pan, ese personaje muy conocido en la literatura infantil y del cine? Es cierto que pocos han leído el cuento original, del autor J.M. Barry. Yo lo hice hace ya bastantes años, en el idioma original, y créanme que el cuento cautivó mis sentidos. Tuve la ventaja (o no) de que los escenarios aparecían ante mis ojos de manera instantánea por haber visto la película, pero lo más interesante fue redescubrir la historia completa, sin la adaptación del largometraje de por medio.

Como les decía, fue Walt Disney quien se encargó de llevarlo a la pantalla grande, como un joven que viste ropas, que podrían ser calificadas de poco masculinas. Detalle poco importante si realmente corremos el detalle a un margen, y nos concentramos en la narración que cautiva, y el mundo que el protagonista encierra. Hurgando un poco más, hemos descubierto, para nuestro asombro, de que los psicólogos toman a esta historia como ejemplo para tratar una especie o tipo de rechazo emocional.

El psiquiatra Eric Berne utilizó, en 1966, a Peter Pan para ilustrar el niño o niña que todos/as llevamos dentro, que está centrado en las propias demandas y necesidades.

El psicólogo norteamericano Dan Kiley escribió, en 1983, un libro sobre el síndrome Peter Pan aplicado a hombres y mujeres que 'no quieren crecer'. El problema, indica, surge con la negación de superar esta etapa y resistirse a afrontar responsabilidades de la vida adulta. Sería, por simplificar la explicación, como tener un cuerpo de hombre o mujer con mentalidad de niño o niña.

Por suerte para muchos, actualmente este síndrome no se considera una psicopatología, ya que la Organización Mundial de la Salud no lo ha reconocido como un trastorno psicológico. A pesar de ello los psicólogos, y nosotros creemos que en la realidad, cada vez son más las personas adultas que, presentan comportamientos propios de inmadurez emocional, son incapaces de crecer y asumir las responsabilidades de la vida adulta e incluso se visten y se divierten como adolescentes, pese a superar la treintena de edad.

Este síndrome, o síntoma no es exclusivo de los hombres, aunque se sostiene que predomina entre los del sexo masculino. Pero metiéndonos un poco más en tema, e intentando arrojar luz a los especímenes humanos que son catalogados de "peterpanes", podríamos decir que las características de éstos básicamente son: la incapacidad del sujeto de asumir responsabilidades, comprometerse o mantener su palabra, la excesiva preocupación por su aspecto físico y su bienestar personal. Se habla en psicología de que esto encubriría un grado de inseguridad en uno mismo, a pesar de que no lo demuestre y pueda parecer lo contrario. No sé si en este último punto estoy demasiado de acuerdo. Pero ya conocen el mundo de los psicólogos, la inseguridad de uno mismo reina en todas las llamadas "patologías o síndromes".

Preferimos dejar este punto a un lado, ya que bastante tenemos con las inseguridades de toda índole que el hombre enfrenta para sí profundizar los otros rasgos característicos de lo que nos ocupa.

Básicamente, son egocéntricos, solteros y exitosos en lo profesional, pero rechazan asumir responsabilidades como la paternidad. Son niños grandes; "solterones" (en boca de las abuelas) que evitan cualquier tipo de compromiso. Tienen más de 30 años y un ritmo de vida propio de un joven estudiante. El cambio de hábitos sociales, los ha transformado. Sufren un complicado salto a la madurez, sintiéndose atrapados en la "dulce tentación" de vivir siempre jóvenes. Con lo que ello conlleva y engloba.

Peter Pan, vive en la tierra de "Nunca Jamás". Un mundo donde el tiempo no pasa y sólo son admitidos los niños. Junto a su inseparable Wendy, juegan a ser la pareja paternal de los "niños perdidos", pero Peter no soporta la prueba y se alivia cuando aquella le confirma que los niños perdidos no son sus hijos, ni él su padre. Linda metáfora. Quien no quiere renunciar a ser hijo para empezar a ser padre.

El héroe volador de Barrie describe un rasgo fundamental del desarrollo de cualquier ser humano: enfrentar la crisis de crecimiento o vivir refugiado en la fantasía, la atemporalidad. Yo creo que uno debe crecer sin perder de vista al niño que llevamos dentro, no en su rasgo de no aceptar las responsabilidades sino en la inocencia y frescura que llevan dentro los niños. En no perder las ganas de jugar por momentos, de no ser tan serios y tan cerrados, sino en el poder estar abiertos a las nuevas cosas que la vida nos puede acercar.

Un espejo donde mirarme

Los espejos suelen ser un lugar donde podemos mirarnos: las canas, las arrugas, los dientes. Podemos maquillarnos, afeitarnos, arreglarnos el pelo, acomodarnos la corbata.
Los espejos nos devuelven esa mirada de nosotros que resulta imposible sin la existencia de ellos.
Sin espejos, tenemos a quienes nos miran, nos entienden y nos devuelven, una mirada diferente, de nosotros mismo. Una diferente acertada mirada.
Acá el espejo de mí, en palabras de Guillermo, en su blog.
Un honor...




martes 5 de agosto de 2008

Para "la vida en letras" de Laura Nardi
Laura, colega y amiga eterna, mami de Elías, tiene el encanto de ser una mujer – niña.
Y de niña a mujer camina por la calle, indiferente a las miradas, de mujer, el cuerpo, de niña , el alma.
Tu cara de muñeca, tu cuerpo de primavera, descubre el amor en tu corazón por vez primera.Todo es maravilloso, todo alegría, ignorando los otoños que han de pasar por tu vida. Sueñas con tu chico amado, el que nunca de dejará, quien te promete amor eterno y eterna felicidad. Pero de repente, casi sin querer, se marcha aquella niña, nace la mujer.
La vida es más monótona, se recorta la ilusión, los sueños ya no son reales y se endurece el corazón.
Escucha niña, cuando te alaben llamándote bella, o te humillen llamándote fea, no escuches a nadie. Sólo quieren encerrarte en el espejo de una soledad diferente. Tú debes vivir, no debes agradar, la belleza está en la vida.
Cuando te lean Caperucita Roja, te quieren mostrar el miedo de escoger por tí misma el camino. Estáte atenta, niña, los verdaderos lobos son todos aquellos que matarán tu libertad.
Cuando te lean Blanca Nieves es para convertirte en sirvienta, aunque sea de un hombre tonto y enano. Rebélate, niña, es humillante servir si no es un gesto recíproco.
Cuando te lean la Bella durmiente te estarán inyectando un potente veneno para frenar tus ideas, así, cuando seas mayor, un hombre sin muchos problemas será dueño de tu cerebro. No te duermas, niña !! Tu inteligencia les da miedo, por eso te llaman tonta.
Pero, cuando te dicen que eres inteligente, no te fíes demasiado, niña, quieren quizás intentar que aceptes sus posturas interesadas.
Cuando te dicen que eres dulce y buena, ponte en guardia, quieren decir que te tienen en el bolsillo y controlan los latidos de tu corazón. ¿Eres dulce o te han domesticado ?
Cuando te dicen que eres pulida y ordenada, pobre niña, estas ya enmohecida, han hecho de tí una estatuita que no se ensucia porque no se mueve.
Cuando te enseñan a vivir triste, prueba la locura, niña. El dolor es una realidad que se debe afrontar cuando se presenta, no un valor sobre el cual edificar la vida. Sobre nuestras rentas infelices demasiados hombres han vivido.
La felicidad es el mayor desafío. ¿Quién cree ya que es una utopía?
Publicado por guillermo en 7:48

Definitely, Maybe (Definitivamente, Tal Vez)


Hace poco un amigo del blog, y mío (si se me permite) me preguntaba si para estar bien, había que pagar un precio. Renglón seguido sugirió que tal vez el precio a pagar, fuera estar mal. Me provocó una meditación que duró días. Precisamente días que fueron felices y días que no lo fueron transcurrieron mientras pensaba esto.
Anoche mientras lavaba los platos, llegó mi primera apreciación, que me recorrió la mente como un atisbo de iluminación (no sólo debajo de un árbol se logra la iluminación, pensé). El último empujón lo dio una joyita de película que vimos, después de que terminara mi elucubración entre detergente y asaderas.
Comienzo por donde el ruido de platos y agua me guió. Mi hijo adora mirar el Rey León. Mi tía, no se lo explicaba. Historia triste, cuasi dramática. Recordaba su tono ofuscado preguntando en el living de casa ¿qué enseñanza le deja semejante drama a una criatura? A lo que contestamos, que ésta peli particularmente habla del Ciclo de la Vida. A esta respuesta, cayó y acusó recibo. Y a esta respuesta volví mientras pensaba en las inquietudes de Luis.
Estimado Luis: Creo que no hay pagar un precio para estar, o ser feliz; sí creo que la vida es un ciclo. Está ideada para que seamos felices básicamente todo el tiempo, sin embargo, el hombre parece necesitar contrastes para valorar los momentos felices y saberlos aprovechar. Así entran a jugar los momentos a los que llamamos estar mal. Son elementos contrastantes que hacen que notemos los felices por oposición.
También creo que son movilizadores. Ya hace un tiempo escribí acerca de esto en "Mojarse los pies, para conseguir pescado". A las claras se vé que el hombre, ser humano, autodenominado especie evolucionada que habita este planeta, en este tramo de su evolución, no ha hecho todo su trabajo.
Aún necesitamos de aquellos momentos o episodios "no felices", no sólo para valorar los antónimos, sino para aprender.
Aprender hacia donde queremos dirigir nuestras vidas, aprender qué cosas no debemos hacer (y por descarte las que sí debemos), aprender qué queremos, qué es lo que realmente queremos.
Evidentemente nos cuesta saberlo.
Podemos reducir la presión sobre nuestras espaldas diciendo que ante muchos caminos (un mundo de alternativas) podemos marearnos y confundirnos. Y tal vez, estos momentos, hechos o episodios tristes funcionen como los carteles de una ruta, LA RUTA, nuestra vida.
Por eso creo que más que el precio a pagar, como en un peaje, son señalizaciones. Hasta me animaría a decir que toparse con ellas, no es más que un signo de advertencia de que estamos en camino, en uno bueno, porque de él algo aprendimos.
Definitivamente, tal vez sean absolutamente necesarios, los momentos tristes, para hacernos mejores.
Y perdoname Luis, si no aplico la lógica, es que he decidido ver la vida como un vaso siempre, Medio Lleno.

Polillas



Hace ya un tiempo, mi amiga Verónica Ruscio, planteó en mi mente un interrogante interesante. E inquietante.
¿Son las polillas las hermanas feas de las mariposas?
Mi mente rodó y se precipitó a escribir esa frase, que Vero había dejado al paso en una nota suya, sobre insectos (Insectos. Por Veruscio)
Comencé a pensar en todas las historias que hay sobre feos… Cenicienta, y sus hermanastras horribles, quienes a su vez son malvadas. El patito feo, que no era malo, pero que soportaba que lo discriminaran por serlo. Claro, al final se transforma en un cisne, y los feos pasan a ser los patitos, hermanos adoptivos de éste. Las malvadas de Blancanieves y la Bella durmiente, se transforman en viejas horribles para llevar adelante planes maléficos, hacia las hermosas heroínas.
Cuando un príncipe es maldecido, el conjuro de la hechicera, lo vuelve un sapo. Y los sapos son feos por definición. ¿A ver quién se anima a darle un beso a un sapo, para ver si termina mutando en un bello caballero?
Lo mismo en la historia de "La Bella y la Bestia". Por definición si una es la bella… la otra es una cosa fea. En Shrek, el burro quiere transformarse en un bello corcel, y el Ogro en un bello caballero. Burro y Ogro vendrían a ser entonces sinónimos de fealdad, también.
Así el mundo de los cuentos para nuestros pequeños, está plagado de feos malos, y buenos que han sido transformados en feos, en forma de castigo.
Lo cierto es que, tendríamos que enseñarles que la fealdad no tiene nada que ver con lo que guarda dentro una persona. No deja de ser una cualidad, es cierto, pero no define ni el carácter ni la personalidad del otro.
Los parámetros de belleza, hoy tan cuestionados por la bulimia, la anorexia, los talles pequeñísimos, (en los que yo desde ya, no entro) la belleza vacía, sin contenido, sin sustento, esa belleza debiera de ser condenada. Y que se entienda bien, condenada por que no es sana, no por prejuicio, ni envidia.
Las polillas son bien feas… y podrán ser malas, según como se las mire: Si me acaban de agujerear el sweter que amo, ese que me tejió mi abuela, serán las peores porquerías del mundo. Con todas las letras FEAS y MALAS. Pero mirándolas desde la perspectiva de la cadena alimentaria… ¡Pobres vichos, de algo se tienen que alimentar! Eso sí, ¡que no sea de mis sweters!

Imagine…


Tengo un amigo, un viejo amigo, que está preocupado por lo que escribo últimamente.
Es ambas cosas, viejito porque ya está entrado en años (sin ofender y muuuy en broma) y viejo porque ¿desde cuando te conozco, Lean? Exactamente desde mis 13 años… algo así como 20 años! Dios mio! Qué horror!
En fin, mi amigo está preocupado por cómo estoy escribiendo, dice que me lee triste. Llevo un mes retrucándolo.
Así fue que me mandó un mail preguntándome si estaba bien, al que le respondí sintéticamente: PERFECTO. Otro diciéndome que después de leer el blog, no me creía, a lo que le contesté que cuando nos viéramos iba a creerme. Y el tercero preguntándome si estaba en casa para llamarme porque seguía sin creerme. Creo que finalmente lo convencí cuando hablamos por teléfono, porque dejó de mandarme mails haciendo alusión a la "tristeza" que leía. En más, debió quedarse muuuuy tranquilo, porque de hecho no volvió a escribirme. (Si, esto es claramente un reclamo formal, por si preguntás después, Lean).
Cuando hablamos, le expliqué que yo puedo escribir o describir una tristeza que no siento, que no tengo y que me es ajena.
Así como ya pude escribir tres cuentos sobre personajes inventados, puedo inventar la tristeza, la alegría o la nada. Y es cierto que si bien, cuando uno escribe tiñe con su yo presente las palabras, también es cierto que existe la memoria emocional.
Yo puedo estar hoy, feliz feliz, sin olvidarme ni un poquito cómo era estar triste. A eso lo llaman aprendizaje.
Y puedo también imaginarme, jugar a pensar qué siente alguien que realmente está triste. Puedo mutar mi felicidad por la tristeza del otro, sin necesidad precisa o exacta de sentirme miserable yo misma.
El proceso inverso, a lo mejor es más difícil. Cuando estoy triste me cuesta muchísimo más escribir sobre cosas "alegres", por etiquetarlas de alguna manera. Con lo que, probablemente mi amigo tuviera razón en sospechar, pero no en dudar. Creo que si estoy triste, las otras palabras, las de la trinchera de enfrente, me cuestan un triunfo. Pero esto no es más que lógica.
Otro amigo es terriblemente chusma y me pregunta si lo que escribí, tiene personas "personajes" conocidos. A lo que más de una vez le contesté: "pero, Fer, ¡qué falto de imaginación que andás! Cuando escribo: imagino, invento, busco otras personas que sientan cosas además de mi". A lo que inmediatamente asiente, afirmando su ausencia de invención.
Finalmente mi crítico más acérrimo. De él no digo mucho más que prefiero que siga haciéndolo. Por su precisión, su honestidad, y su amor al hacerlo. Su sinceridad, por sobre cualquier sentimiento hacia mi. Es agudo. Y ha confesado, sin medios tintes, que disfruta más de mis narraciones con un toque cuasi cómico, que de las otras.
¿Todo esto a qué viene?
La imaginación no es privativa de quienes escriben.
Todos, absolutamente todos, tenemos este don. Es parte de nuestra cabeza y de nuestro pensamiento, pudiendo ser un acto volitivo o no. Quiero decir que, puedo proponerme imaginar y darme permiso para hacerlo, sabiendo que lo que resulte tendrá poco o nada de realidad. Este acto será voluntario. 
Pero también puede suceder que involuntariamente, a causa de mi deseo de que algo suceda, imagine sin hacerlo a drede, que algo está sucediendo. No sucede, pero imagino que si, un mero producto de mi imaginación.
Ante esto, será cuestión de emplear una herramienta que nos permita discernir, separar la paja del trigo, lo real de lo imaginado. Esta puede ser la evaluación concienzuda.
De lo que yo escribo, me hago cargo. Tanto de lo inventado, como de lo que no. De lo que dejo fluir a través del teclado, de una lapicera, o un crayón.
Insisto con esto, me hago cargo de todo lo que acá hay escrito. Tiene diversos fines, el primero y más obvio, que ustedes lo lean, los demás se los dejo librados a ustedes, quienes me leen.
Pero permítanme, que con el mayor respeto les diga, que lamentablemente o por fortuna, no puedo ni debo hacerme cargo de a lo que a ustedes les pasa cuando leen.
Tienen plena libertad con ello también. Libre albedrío. Serán ustedes responsables de su imaginación, y no de la mía. 
Mi recomendación es entonces: lean mucho o poco, pero háganlo desprovistos de prejuicios, desprovistos de pensamientos, desprovistos de su propia experiencia. Disfrutarán más de la lectura y les permitirá llegar más lejos y más profundo. E imaginen... utilicen el don de la imaginación para fines benéficos y solidarios. Primero para ustedes mismos, y luego para con los demás.
..."You may say I'm a dreamer
    But I'm not the only one
    I hope someday you'll join us
   And the world will live as one".
                                 Imagine by John Lennon

Para mi, lentes color Amor

Mi amiga Vero, la poetiza, está triste. Y me desesperó leerla tan triste. Y me angustió no hablar con ella. Respeté sus no ganas. Momentáneas, seguramente. Su ilusión, su tierna ilusión se rompió al estrellarse con una realidad, envuelta en un mail. Le informaron finalmente que no había ganado el "boleto a publicar". Participó de un concurso y estuvo a un paso de su sueño. Uno que no fue.
Hace unos días hablamos, y las dos estábamos con un ataque melancólico capaz de derrumbar a un elefante. Ella tenía sus razones, que se desencadenaron por un juego de vajilla. Yo las mías, por un sobre con agendas viejas y un mail.
Ahora mismo ella está triste porque no fue su sueño. Uno de los tantos que tiene. Tal vez uno muy importante. Pero sólo uno. Yo porque hace días que no abrazo al hombre de mi vida. Días que terminarán en algunos otros días que aún tengo que transitar.
Ambas transitando los mismos caminos, cada una en la vida, en la suya. Sin embargo, pareciera que en caminos sentimentales paralelos. ¡Qué loco!
Decidí dejarle algo para animarla en su web. Sólo pude decirle que esto sólo significa, que esta vez no será. Sea el significado que tenga, lo que importa ahora, lo que debe importarle ahora (imperativamente), no es que "por algo será" sino que por lo que sea, únicamente y por única vez, esta vez no será.
Inmediatamente pensé en el vaso medio lleno. Famoso dicho popular. Vislumbré una Luz.
Creo que tenemos que cambiar la forma de ver los tropiezos. Sí creo, sinceramente, que todo depende del lente con que uno mire la realidad que viene a enfrentarnos.
En eso sí podemos elegir, y con eso sí podemos hacer algo. Algo que depende de nosotros, algo que sí podemos transmutar en maravilloso. Aunque apeste ahora mismo.
Podemos usar métodos que tenemos al alcance de nuestras manos, para cambiar el lente de esto que apesta, de esto que nos afecta. Podemos entonces, empezar a ponerle otros cristales a nuestras anteojeras.
Imaginen todo lo que pueden hacer, con esta "óptica express" al alcance de sus manos. Imaginen que pueden dar aumento, o lo contrario. ¡Y hasta hacer lentes de colores!
Yo quiero los míos, para ver Amor. Estos ¿serán de todos los colores?
¡Marche un par MULTICOLOR, entonces!

Mediocridad, si tienes dueño.


Recordarán esa estrofa de la canción que rezaba: "Felicidad, no tienes dueño".


Venía a colación de que a un fulano, parecía que siempre se le escapaba la felicidad. Era porque la felicidad, no era ni es de nadie. Y es un poco o un rato de todos.


Efímeros momentos en que nos viene a visitar. O por lo menos, para nuestros ojos parecieran efímeros.


Breves instantes felices. Felices con MAYÚSCULAS, felices de verdad.


Puede que también suceda que la felicidad sea como las olas del mar, que están siempre, pero a veces cerca y otras más lejanas.


La felicidad, además de no tener un dueño, en la canción sonaba a escurridiza como un manojo de arena, o de sal. La cuestión es que el pobre hombre la buscaba, la llamaba y la felicidad se le retobaba.


¿Qué tiene todo esto que ver con el título? Dirán con razón. A lo que les contestaré: TODO.


Exijo un cambio drástico. Exijo que la mediocridad se vuelva sin dueño, lejana y escurridiza. Y la felicidad lo contrario. Porque me he topado con la más baja de las mediocridades, y la he padecido. Lógicamente uno quiere ser siempre feliz, y no ser mediocre. Ni obtener la felicidad siéndolo. Por eso levanto en este momento la bandera contra toda manifestación de mediocridad, y sus títulos de propiedad. Porque la mediocridad está al acecho, y tiene dueño. Uno o muchos.


Yo sé de su nombre. Su nombre y apellido. Uno de los titulares de dominio apareció exhibiendo sus credenciales. Y fue de tal bajeza y cobardía que logró poner en funcionamiento mi sistema de armas, alertas y escudos de defensa.


La mediocridad hace del ser humano, algo que el mismo ser humano no se merece. Lo desprestigia. Le quita la magia, la poesía. Lo vuelve un ser mediocre, que según la Real Academia española es lo siguiente: "mediocre. (Del lat. mediocris). 2. adj. De poco mérito, tirando a malo.


Me ha sacudido la realidad. Y lo hizo con sigilo y bajeza. En mi ámbito común, en el seno de mi vida. Y me ha golpeado. Me hizo pensar y me hirió. Tanto de ida como de vuelta.


Pensé en escribir Notas de Lectores a diarios y revistas, quiero hacerlo público, de conocimiento masivo.


Estoy harta que los mediocres ganen cocardas doradas, se lleven los méritos, y sean gente a la que le creen. Que sean gente que predican "la igualdad, la equidad y el estar con el pueblo". Que se llenen la boca hablando de los desaparecidos, de la justicia, de la verdad y que finalmente resulten, injustos, cobardes, embusteros, capitalistas y poco solidarios. Ni qué hablar de justos. Son los más injustos, y la equidad creen que es una cuestión de caballos (por lo de equinos).


La mediocridad al contrario de la felicidad, a esta señora no se le escapa.


Sus palabras, con las que se llena los ojos de lágrimas, y los bolsillos de dinero, pueden buscarlas y leerlas y releerlas. Suena todo a JUSTICIA y VERDAD. ¡Tan lindo!


Créanme, lo que predica, no lo aplica.


Ayer 19 de marzo de 2008, despidió por intermedio de otra persona, a cuatro personas que trabajaban con ella. Las despidió sin justa causa. Sin ninguna causa, en realidad. Las dejó sin trabajo, y sin pan. No hubo cuestiones económicas, ni cuestiones personales. Simplemente se le cantó. (sabrán leerme entre líneas, ¿verdad?)


Así como se le cantó, mandó a otro a hacerlo. Porque su título de propiedad sobre la mediocridad, no le permitió dar la cara.


No habló con "su gente". No dio explicaciones. No hubo llamadas. No hubo reuniones.


De los que se llenó la boca hablando maravillas y a quienes tildaba de imprescindibles, fueron meros envases descartables. Sus palabras simplemente se las llevó, un río que suena.


No hubo indemnizaciones, no hubo explicaciones, no hubo justicia, ni igualdad, ni equidad. Tampoco verdad.


Quien se esconde detrás de sendos mensajeros más que verdad es una MENTIRA.


Gracias a Dios, todavía la hilacha se sigue viendo. Y aunque nos decepcionemos, nos duela y nos confunda, siempre es mejor saber con qué bueyes se ara.


Mediocridad, si tienes dueña.


Y ojalá Nunca Más seas como la felicidad "que de a ratos te conviertes en realidad".







Mojarse los pies para conseguir pescado

Y es cierto. Necesitamos meternos de lleno con nuestro hacer, para conseguir u obtener lo que deseamos.

También es cierto, que "cuando deseas algo, todo el universo se confabula para que lo consigas". Pero tanto una como otra, aún cuando parezcan enfrentadas, van de la mano.

Quiero decir que, por suerte o desgracia, el pescado mágicamente, no aparece, salvo que nosotros hagamos algo para que así sea. Desear obtener algo o ser algo, va de la mano con nuestro accionar en consecuencia. Si quiero un auto nuevo, no va a aparecer de la nada, por el hecho de desearlo. Piensen qué problema sería, si todo cuanto deseáramos, apareciera mágicamente con sólo desearlo. Y cuantos problemas de incompatibilidad habría. Mi deseo se podría contraponer exactamente con el deseo del otro, y las luchas y puntos en contra serían tantos como deseos. El lamentable resultado sería un caos absoluto, de luchas incontenibles, incansables e imparables. Imagínense tantas lámparas de Aladino como personas. Y tantos deseos como puedan imaginarse, tan solo mientras leen esto.

Tus deseos pueden ser posibles, de hecho el haberlo deseado seguramente tiene una pizca de la posibilidad de tenerlo. Pero el deseo por sí solo, no alcanza. Y no alcanza, no sólo porque podría traernos problemas si todos obtuviéramos lo que deseamos. Todo pasa también por una cuestión de ORGANIZACIÓN y ARMONÍA.

La organización del Universo es inteligente y perfecta, y va más allá. Y se mantiene a lo largo de los años y a pesar de las personas. Y es precisamente esto lo que hace interesante y movida nuestra vida. Esta realidad que debemos enfrentar con nuestros deseos y nuestras posibilidades.

El mero hecho de enfrentar la realidad con nuestros deseos, el involucrarnos para conseguir aquello que anhelamos, nos hace no sólo involucrar nuestro accionar, sino que además, muchas veces nos lleva a modificar lo que deseábamos. Para mejor, para que sea más factible, para que sea más perfecto. Y esto puede ser, por haber descubierto que es materialmente imposible, o porque simplemente se han modificado en el camino, los deseos que nos impulsaron.

Lo cierto es que lo bueno de todo esto, es el impulso. El hecho de empezar a caminar el camino al lago, al río, al océano de oportunidades que podemos tener ante nosotros. Esta motivación a la acción nos enfrenta con realidades y oportunidades, que tal vez de otro modo, jamás nos hubiéramos planteado, o que jamás hubiéramos conocido. Así nos pasará que probablemente también descubramos aptitudes nuestras, que de otra forma no hubieran surgido.

Por eso "mis queridos chichipíos": si desean pescado… MOJENSE LAS PATAS.

Seguramente entre la humedad y el frescor del agüita, descubramos muchas otras cualidades en la pesca.

Lo Inevitable



Volví de las vacaciones. Y volví para quedarme. Luego de abrir mi notebook después de 15 días de completa inactividad (léase de escribir y leer) me sentí completamente perdida.


Tenía demasiados mails, de los basura y de los que no; tenía demasiada información para procesar; y fundamentalmente tenía demasiadas ideas girando en mi cabeza. Con tanto "demasiado" rodeándome, podía poco más que resignarme, y empezar con el trabajo sucio de "comenzar" por algún lugar.


Me llevó un par de horas organizar los mails por importancia, las noticias por urgencia, y las ideas por orden. Todavía no sé bien si fue así, o las ideas tuvieron su importancia, los mails su urgencia y las noticias, un orden. Pero me lancé a escribir, y eso era URGENTE, IMPORTANTE Y debía ser necesariamente ORDENADO.


Como suele pasarme, no sabía por donde empezar, y resolví hacerlo por el simple y mero Principio. Así pues: tuve unas vacaciones MARAVILLOSAS y únicas. Estuve con mi hijo y mi marido en el mar, en la misma casa que veraneo desde que tengo un año, con mi abuela. Tengo fotos mentales increíbles, y fotos de las otras para ampliar tamaño mural. Fue una experiencia estimulante y relajante a la vez.


Sin embargo nuestras vacaciones estuvieron plagadas de imponderables. Como bien dije comienzo por el principio.


Salimos temprano de casa habiendo organizado todo la noche anterior. Conclusión, apenas me acosté, me volví a despertar para partir. Pero a uno, qué le importa. Se va de vacaciones, y para dormir iba a haber tiempo. Salimos con todo arriba del auto, listos para disfrutar, y nada más. Hicimos unas 15 cuadras, y me acuerdo que nadie agarró el cochecito de Elías. Puteadas de por medio, volvimos a la puerta de casa a buscarlo. Las puteadas quedaron al margen, y fue pura anécdota. Una vez más, nos íbamos de vacaciones, y un retraso no era el fin del mundo. Cargamos el cochecito y ahora sí, estábamos listos para el mar. Autopista Buenos Aires – La Plata: Elías se durmió. Festejamos. Porque todo era según lo habíamos planificado. Temíamos que el viaje se le hiciera eterno en su sillita del auto, y contábamos con que se durmiera, para hacerle más leve el trayecto.


Elías dormido, agarramos la ruta. Buen momento para mates, pensamos. Ahí nomás, abrí nuestro bolso matero, y comenzaron las vacaciones largamente planificadas. Ibamos por la ruta, mirando el campo, oliendo la paz. Charlando, como en nuestros momentos de relax en casa, pero con un horizonte totalmente nuevo y alentador. Estábamos distendidos, entusiasmados. El sol empezaba a despuntar. Una imagen digna de un cuadro. Pero… el auto hace un ruido extraño que me saca de mi relax, me desconcentra de mi charla distendida, y tensa hasta el último de mis músculos. Creí haberlo escuchado sólo yo. Creí que sólo había sido un ruido en el motor de un bicho de esos que se empeñan en entrar en coalición con los parabrisas, pero con menos puntería. Y cuando estaba por convencerme, Lucas me pregunta alarmado, -"¿y ese ruido?!"-


Inmediatamente asomo la cabeza por la ventana queriendo que fuera el bicho que entró, hizo ruido, y salió. Pero no. El motor hacía un ruido espantoso. Si hubiera sido un bicho, debía ser no menos que un buen cuadrúpedo. El motor parecía haberse tragado un caballo, y no veía ni rastros de él. Balizas y a la banquina. Elías se despertó. Llamamos una grúa que nos remolcó hasta Atalaya, y ahí a esperar al mecánico. Porque el auto hacía ruido, pero funcionaba. Esperamos un largo rato a un mecánico de nombre Miguel, quien llegó en un auto destartalado. Eso tendría que haberme avivado, que muy buen mecánico, no era. Pero en la espera, nos comimos unas deliciosas medialunas. Y no es broma. En mi vida había comido unas medialunas taaaaaan ricas. Elías también se tentó y se bajó su tercer mamadera con dos medialunas, mientras el pseudo mecánico, continuaba moviendo la cabeza, diciendo que no, hablando bajo, desde dentro del capot del auto. Ergo, no se le escuchaba, y para colmo no le entendíamos nada de lo que decía.


Después de una hora y algo más de intentar encontrar cual era el desperfecto, porque no daba con el problema, terminó por decirnos que no, que el auto no iba más. Había un sol que rajaba la tierra y ya era la hora para la que mi abuela nos esperaba en la casita. Empecé a llamar a mis tías para avisarles, y Lucas al ACA. Volvíamos para capital. El chiste: Nos pintó un desayuno en Atalaya. Sin demasiadas risas, pero sin perder el buen humor (o la buena predisposición), nos sentamos a esperar, una vez más.


Me di cuenta que el sol ya no estaba tan suave, cuando empezó a arderme un brazo y noté que tanto Elías como yo, que íbamos y veníamos por el descampado, estábamos totalmente quemados. Corrí al baúl para ponerle crema al peque. De la protectora, y fue justo a tiempo. Llegó una grúa enorme, doble cabina y cargó con todo. Auto, valijas, mate, medialunas, al nene y a los padres. Vacaciones y relax.


En lo único que pensé fue en llegar a casa, los tres, sanos y salvos. Ni en el auto, ni en la playa. Ni en la plata que nos salió el remolque. ¡Una fortuna!


Elías ya promediaba su hora de almuerzo, y lo hizo con una banana. Quemados, cansados, con hambre, medialunas que ya nos habían asqueado y mate atragantado, iniciamos el retorno. Y eso era bueno, porque volvíamos a casa. Lucas estaba angustiado, de mal humor y hasta preocupado por nosotros. Pero nosotros, sólo sonreíamos.


Nueva mala: había que hacer trasbordo, por no sé que cuestión de jurisdicciones de grúas. ¿Me querés decir qué significa eso? Todavía no lo entiendo, pero era política de la empresa. En Echeverría entonces, la gente iba en remís, y el auto en grúa.


Llegamos al punto acordado para el trasbordo, y ¡oh sorpresa! El remis no había llegado. Cuando llegamos nosotros la grúa para el auto estaba, pero el remís lo pidieron recién en el preciso momento que nos bajamos de la doble cabina. Otra hora y media en la ruta.


Elías protestaba porque alguien más se llevaba nuestro auto, pero no por mucho más. Nosotros protestábamos por la nueva espera. Hacía más calor, y se sumaba cansancio y hastío. Como no había con qué jugar, empecé a tirarle agua en la cabeza con una botellita al peque, mientras él corría contento, en el medio de la mismísima NADA. Pero él era un niño feliz. Lo miré y me dije –"el chanchi ni se entera del tremendo mal momento"- Y empecé a hacer lo mismo. Y aprendí a sonreír por el agua en su cabeza, olvidándome del resto.


¿Sumamos otra? Cuando llegó el remís, nos avisan que Lucas debía viajar con el auto. Ergo, debía viajar en la grúa, y Elías y yo en el auto. Parecía que nos iban dando las malas nuevas con cuenta gotas. O que las malas nuevas se iban sumando a ver a cuanto llegaban nuestra tolerancia y paciencia. Gracias a Dios, las habíamos llevado con nosotros.


Llegamos a casa a las seis de la tarde, agotados. Guardamos el auto en el garaje. Nos bañamos nuevamente, y llamamos a retiro. Sacamos los pasajes para las dos menos cuarto de la madrugada. Elías se durmió antes de salir para la terminal y no se despertó hasta que llegamos a Santa.


El micro tardó una hora más de lo estipulado porque viajó desde Puerto Madero hasta allá con la caja rota. Me enteré cuando llegamos.


Tuvimos unos días espectaculares de playa, que disfrutamos como locos. En el medio Lucas viajó de vuelta a Buenos aires por trabajo, y no sólo se suspendió su fecha, sino que demoró un día más en llegar de vuelta a Santa, por la bendita tromba marina.


Ah si, una tromba marina (primera vez que escucho esto en mi vida) se instaló sobre el Río de La Plata. Provocó las lluvias mil que azotaron Buenos Aires y la Costa Atlántica. Llovió a mares. No tuvimos playa, ni respiro de agua. Eso sí, vivíamos pegados a la radio escuchando las alertas meteorológicas, y haciendo cruces de sal gruesa. Por si les interesa, las cruces de sal gruesa no pueden contra las trombas marinas, así que ni se gasten.


Agua por demás, caminatas húmedas y ropa casi inusable. Concluyeron las vacas, tiempo de volver. Atrás queda el laboratorio de análisis de alta complejidad que mi hijo utilizó toda la semana de parque de diversiones. Así es, el laboratorio que está a una cuadra de mi casa fue su parque de diversiones. Ahí jugó a la escondida. Jugó a la mancha, a subir y bajar la rampa de discapacitados, los escalones, y los canteros. En su inmensa explanada corría sin tregua, desafiando la lluvia.


Nuestro micro de vuelta, también se rompió. Estuvimos varados a 20 minutos de la capital, en la banquina de la autopista, hasta que nos subió un micro de Flecha Bus, que venía de Mar del Plata. Llegamos una vez más agotados, pero felices.


Yo creo que todo depende de uno. De cómo uno se para frente a lo que va pasando (amén de que todo sucede por algo). Creo en que "La vida está hecha de nuestras actitudes. Y existen ciertas cosas que los dioses nos obligan a vivir. No importa cuál es la razón que tienen para esto y no sirve de nada hacer lo imposible para que pasen lejos de nosotros" (La Quinta Montaña. Paulo Coelho)


Por eso, tuvimos unas tremendas vacaciones. Fuimos una familia unida, en las buenas y en las no tanto. Nos reímos muchísimo. Disfrutamos de una vida distinta. Compartimos los días con mi abuela, y ella con su bisnieto, que es la luz de sus ojos, y ante quien los dolores de ella, se rinden como no lo hacen ante ningún anti inflamatorio. Fuimos felices. Yo fui feliz. Empapada, y blanca "ala" fui Feliz. Mi hijo fue feliz. Con mar, sin mar. Con arena, sin protector, y viceversa. Creció de alto, de ancho y de "testa". Mi marido fue feliz, a pesar de los viajes, el auto (que aún no sabemos qué le pasará) la lluvia y de que ahora mismo se está preparando para volver a salir de viaje, esta vez a trabajar.


Lo inevitable, sucedió. Aún nosotros pudimos con ello.


Porque también era inevitable que fueran nuestras primeras vacaciones juntos, y la pasáramos ¡DE PUTA MADRE!




"Levántate y continúa probando que tu lucha tiene un sentido, porque supiste cruzar la corriente de lo INEVITABLE…" (id. Ant.)

¡Te lo dije!

Necesito un plumero. Un plumero grande, para borrar como se dice comúnmente, de un plumerazo, eso de "te lo dije". Frase que te arrincona y te deja estático.

Dejemos que nuestra cabeza vuelva a cualquier situación, donde nos encontremos con el "te lo dije". Padres diciéndolo, tíos diciéndolo, novios diciéndolo. Busquen por donde sea. ¿no es odiosa?

Situación X, donde en una charla alguien te advierte sobre algo que va a suceder. Me pregunto, y les pregunto: ¿qué tiene, la bola de cristal? ¿Cómo puede ser que el otro, que ni siquiera está metido en problema en cuestión, sepa que algo va a suceder de determinada manera? Pues parece que el único que no lo ve, es uno mismo. Parece que el otro por el mismísimo hecho de no estar prácticamente involucrado, ve algo que nosotros no vemos. Entonces nos advierte, nos aconseja, nos muestra eso que no vemos. Cuestión, nosotros vemos otra cosa, y con lo que vemos nos mandamos a actuar, a decidir. Nos metemos de lleno en el Hacer. Y hacemos. ¡Vaya si hacemos! Pero, gran problema: Hacemos y nos sale todo al revés de lo que pensamos. Hacemos y terminamos hasta el cuello. Entonces llega la sentencia del otro, ese que parecía tener la bola de cristal: "Te lo dije".

Detesto ese "te lo dije". Pero lleva toda la razón del mundo. Me lo dijo. Y si me lo dijo, tiene razón en repetírmelo. Pero el problema es que suena a dedo acusador. Detesto los dedos acusadores. Además uno queda en evidencia para con uno mismo: Si me lo dijo, ¿por qué demonios no hice lo que me dijo? ¿Orgullo herido? Tal vez, y lo detesto.

Siguiente: "¿no te lo dije?". Ahí estamos sintiéndonos los últimos en saber de algo o de alguien. Todos están hablando de algo, que uno no entiende. Se rien, hacen comentarios, opinan. Y uno está ahí como mirando un partido de tenis, pero creyendo que es un deporte desconocido. Intenta pescar el hilo de la conversación. Trata de pensar qué parte se perdió, si se quedó dormido y no se dio cuenta. Si lo que están diciendo puede aplicarse a algo que conoce o sabe. Pero aún cuando pone todo su esfuerzo intelectual, todo su esfuerzo mental, no logra entender bocado. La conversación está sucediendo justo frente a sus narices. Es más, lo están haciendo partícipe de la conversación, pero no entiende ni jota. Intentando no quedar como idiota, pregunta tímidamente: "¿de qué estamos hablando?" sintiendo que esa misma pregunta vendrá con la respuesta de que uno no entiende nada, y que en definitiva Es un Idiota. Y llega la odiosa frase: "ah! ¿no te lo dije?". Uno no era idiota, sino que era "el último orejón del tarro", el último en enterarse. Uno no sabía, pero Uno siente que le titila un cartel luminoso en la frente que reza: "Tonto".

Otra. Momento en que uno reconoce haberse equivocado. ¡Con lo que cuesta! Pero ahí está uno, reconociendo que se equivocó. Planteando el porque de su error, de su desliz. Con el ánima por los suelos, y con el corazón abierto. Sincerándose. Y ahí está el otro que escucha, y que cuando uno termina de desnudar sus defectos, lanza: "si bueno, pero yo te lo dije, ¿o no?". Agua fría por doquier y uno empapado. Maltrecho y empapado. Desnudo y empapado con esa agua fría. ¿No entiende, que sé que me equivoqué? ¿Me tiene que volver a resaltar mi error? Una vez más, titila el cartel: Idiota. Más dedos. Que para esta altura ¡son tantos!

Ultima. Cuando es uno quien dice: "te lo dije". Cambia el ángulo, pero lo detesto tanto como del otro lado. A uno le sale sin pensarlo. Se le despierta esa especie de Juez que uno lleva adentro. Porque vos le avisaste. Porque vos lo viste y le avisaste para que no cayera en la trampa. Porque vos viste algo, que el otro no estaba viendo, y quisiste advertirle, quisiste ayudarlo, quisiste avisarle, quisiste marcarle. Y el otro hizo la vista gorda. El otro ¿dónde estaba cuando le hablaste? Pareciera que ni se molestó en escucharte, y se mandó. ¿Para qué me preguntó, si iba a hacer cualquier otra cosa, restándole entidad a lo que veías? Detesto decirle a otro: "te lo dije". Una porque le estoy marcando un error, y detesto andar remarcando errores. Otra porque el otro no me escuchó. (egocentrismo total, pero cierto)

Lo único cierto, es que cada cual hace lo que puede con lo que tiene, de la mejor manera que pueda.

Ahí está. TE LO DIJE.

Dime qué comes, y te diré cómo está tu corazón

Cuando me encontré con Lucas (o me reencontré) habíamos planeado todo, durante un año. ¡Un año! Si. Íbamos a comer Milanesas con Puré. Era nuestra comida favorita, la de ambos. Esa tarde fuimos a comprar los cortes de carne, las papas, el pan rallado, en fin todo lo necesario para la gran cena. Era nuestra comida favorita, la de ambos. Ya teníamos algo en común. Yo iba a preparar las milanesas, y tenía un secreto para que fueran distintas. El iba a hacer el puré, y también tenía un secreto. Cocinamos juntos en la cocina que tenía yo. Cuando llegó el momento de incorporar a la preparación, el secreto, no tuve problemas en mostrárselo: -"agregás al pan rallado, un poco de queso de rayar"-. Cuando fue su turno, tampoco guardó su secreto: -"al puré cuando está listo, le agregás mayonesa"-. Y yo pensé: ¿puré con mayonesa? Y resultó, riquísimo.

Así fue como lentamente fuimos develándonos uno a uno, muchísimos secretos. Pero ese primer indicio, fue la llave de la puerta. No tardamos mucho en asociar las milanesas con puré con nuestro encuentro, y cada vez que queríamos vernos, simplemente decíamos: "Quiero Milanesa con puré". Fue una época feliz, donde yo me sentía llena de emoción y alegría, y amor. Fue mi corazón Milanesa con puré. Un corazón colmado de alegría. Poco después llegó una tormenta, nos distanciamos, nos peleamos, discutíamos y ya no nos encontrábamos a comer, y entonces mi corazón se transformó en Vacío con Papas. Esa fue nuestra siguiente comida descriptiva. La tristeza colmaba todo, y todo lo que teníamos se llenó de vacío. Vacío con papas era mi corazón: triste y sin Lucas.

Así fuimos haciendo de la comida, no sólo un hecho placentero, y motivo de encuentro, sino una auténtica carta de presentación de cómo estábamos nosotros. Tuvimos una época donde nos encontrábamos sólo esporádicamente, y sólo para disfrutar de esos instantes juntos, y ahí tan sólo nos acompañaban, trozos de quesos, jamones y un buen vino. En el silencio de la noche, entrada la madrugada, tirados en el piso, con la luna de cómplice y música sonando, comíamos lentamente, saboreando cada instante de nuestra compañía, cada instante del queso, del jamón, del vino, y de nuestros ojos mirando a los ojos del otro. Eran pequeños instantes de gloria, de profunda felicidad, pero escurridizos y breves. Entonces mi corazón, sólo deseaba queso y vino. Tenía agujeros, estaba añejado y teñido de tintes taninos. Mi corazón era vino y queso.

Cada vez que necesitábamos explicar algo que sentíamos, algo que pensábamos, algo a lo que no encontrábamos las palabras, nos remitíamos a ejemplos con la comida. Así cada vez que nos sentamos a hablar, hablamos de comida: como ejemplo, como instructivo, como forma de comunicar lo que de otra forma no tendría forma. El ejemplo más breve, es que cuando algo no nos gusta, simplemente nos alcanza con decir: "Sopa". Haciendo honores más a Mafalda que a nuestro propio gusto. Pero esa simple mención alcanza para que el otro entienda.

Así comprendí que nuestros hábitos alimenticios nos reflejan, reflejan exactamente como somos por dentro. Y más que eso, nos muestran cómo estamos, qué estamos sintiendo. Sólo tenemos que aguzar los ojos y vernos. Y empecé a mirar con ojos de chef.

Cuando yo estaba muy desorientada respecto a mi vida, y triste, comía Puré de Papas frío y blanco. Sin huevo, sin queso, y menos que menos, sin mayonesa. Y me sentaba con una cuchara en el piso y comía sólo puré. Algo simple, monótono, sin color. Así estaba mi corazón: Monótono y sin color, casi desabrido, y frío.

Ahora como más milanesas, pero con ensalada. Dejé el monótono puré. Ahora preparo ensaladeras enormes, colmadas de colores de varias verduras, que no tienen nada de desabridas. Es más, me he dado cuenta, que preparo la ensalada en fiel reflejo de cómo soy: primero una capa de zanahoria, que rayo enérgicamente. La pongo primero porque va desordenada, porque mientras rayo, salpico zanahoria para todos lados. Odio salpicar para todos lados. Entonces lo hago primero para ordenar el desastre. Después lavo la lechuga hasta sacarle brillo, hasta que no quede ni un puntito negro, y la corto prolijamente en tiras casi parejas, casi iguales. Voy formando prolijas capas. La lechuga limpia y en tiras parejas tapa entonces la desordenada zanahoria. Es como si dejara el desorden que fui, para dejar lugar a la limpia y ordenada. Zanahoria y lechuga. Después lavo los rojos tomates, rojos y jugosos, que corto en piezas triangulares que dejan ver el corazón del jugoso fruto. Y mi corazón es un Tomate. Finalmente saco las capas viejas y feas de una cebolla, lloro un poco con su ácido, y corto en pequeños trozos, para que no hagan mal. Desvisto la cebolla y sólo dejo lo mejor de ella. Y mi corazón también es esa Cebolla, que va sacando las capas feas, con algunas lágrimas, para desnudarse a lo mejor. Ensalada ordenada y colorida, como mi corazón.

Descubro entonces, que no sólo reflejamos lo que tenemos dentro cuando comemos, sino también cuando cocinamos: en el arte de elaborar, lo que en definitiva nos vamos a comer, lo que nos vamos a "meter" adentro. ¿Acaso ustedes, no se fijan qué van a meterse adentro? Cuando de comida se trata, seguramente no van a consumir algo vencido, o que huele mal, menos algo que no les gusta. Pero con la vida, con lo que "metemos" dentro de nuestro corazón, somos de los que consumimos y luego reclamamos. Se nos escapan las fechas de vencimiento, la elaboración.

Por ejemplo, mi abuela Angelita, cocinaba pulcramente. En su cocina, ni siquiera la harina en la tabla de amasar estaba desordenada. Prolija e inmaculadamente amasaba. Jamás llevaba una mancha en su delantal que ataba en una ceremonia dominical. Amasaba fideos y mientras lo hacía, nos contaba de su mamá, de su abuela. De cómo amasaban ellas, de cómo le habían enseñado. Y su corazón se volvía como la Masa: blanco y maleable; colmado de recuerdos que dejaba asomar en las manos. Para cortar las cintas de los fideos tenía un cuchillo especial y ponía los dedos de forma tal, que le servían de regla. No había una cinta más ancha que otra, ni menos desprolija. Así era ella. Prolija a ultranza. Sus fideos eran exquisitos, y su corazón eran los fideos, prolijos acomodados sobre la mesa de amasar, donde hablaba de sus antepasados, de su infancia. Corazón en Tiras.

A mi otra abuela, a Beba, jamás vas a sacarle una receta con medidas exactas. Sus explicaciones van acompañadas de las siguientes aclaraciones: "más o menos; un puñadito; a ojo; vos te vas fijando". Nunca te va a decir: "una cucharada, o una taza". No tiene ni usa medidas. Hace unas comidas exquisitas, pero nadie las puede copiar. Y así es su corazón, da sin medir. Y es único, intransferible. Y mi mamá tiene mucho de eso. También te da las recetas desordenadas y sin medidas, y cuando cocina le gusta hacerlo en la tranquilidad de la cocina, con la radio sonando de fondo, y sola. Y el corazón de mamá es así: Tiene música de fondo, a veces solitario, y también da sin medir.

Mi hermana, tema más que aparte. Vegetariana desde hace varios años. Comía verduras, cosas muy livianas, preocupada siempre por qué mezcla de comida hacemos. Defendiendo la liviandad en los alimentos. Su corazón era etéreo, liviano. Y parecía que siempre iba como "volando". A pesar de comer cosas que provenían de la tierra, le costaba quedarse en un solo lugar. Corazón Liviano y Movedizo. Ahora se está animando a echar raíces, a volverse un poco más terrenal, un poco más estable, y entonces empezó a comer carnes e incorporó cosas nuevas a su dieta. Y a su corazón. Corazón en Cambio, como sus gustos por la comida.

En la cocina también nos mostramos, mostramos nuestro corazón. Lo mismo pasa con lo que bebemos. Por ejemplo, los orientales tienen una ceremonia del té. Colmada de rituales, de silencio, de formas correctas y exactas de preparar el té y de beberlo. Y así son religiosamente. Toda su filosofía está colmada de largos silencios introspectivos, meditativos, ordenados, casi casi, rígidos. ¡Sus corazones son tan parecidos a la ceremonia del Té!

Yo por eso, del té, paso. Tomo mate. Ceremonial, con algunas "reglas" para hacerlo bien rico. Autóctono de nuestras raíces argentinas, aunque me quieran hacer creer que es uruguayo. Que se extiende a amigos, que te lleva a compartir charlas cuasi filosóficas, que te ayuda a ablandar a otro para que se anime a hablar de lo que le duele o le molesta. Que se comparte, por definición, pero que te lleva a lo profundo, al centro de uno. En el momento de hacer esa pausa para inspirar y pensar. Meterte adentro para encontrar lo que hay. Igual que con el mate, hago con el corazón. A veces, me molesta limpiarlo, pero adoro prepararlo, y tomarlo. Escucharme hacer ruido, indicándome que llegué al fondo, y que puedo volver a empezar. Y compartirlo sabrosamente. Mi corazón Mate.

Por eso compañeros de travesía, los desafío: Mírense cocinar para ver como está su corazón. Miren que están por "comer" ¿Tienen un corazón Puré de papas, o una ensaladera llena de verduras? Miren qué comen y qué toman, a lo mejor ven lo que no podían descubrir de otra forma, y entonces pueden cambiar. Cambiar un corazón Queso, por un corazón Té, o Mate, o un corazón Tomate.

¡Dime qué comes, cómo cocinas, y te diré cómo está tu corazón!

Busquen en las góndolas de la vida, hay muchísimas cosas diferentes. El diccionario dice que sazonar es tanto darle sazón a la comida como, poner las cosas en el punto y madurez que deben tener. ¡Sazonen sus corazones! Sean cautelosos, pero creativos. Pongan todo de ustedes.

Porque "Panza contenta, Corazón Lleno".

Infidelidad: De vos, nadie habla.

Existís, pero te evitan. Evitan hablar de vos. Porque por algún motivo, causás molestia. Porque por algún motivo, dolés.

Me refiero a la infidelidad en el amor, en la pareja. No a aquella que hace referencia respecto a una creencia religiosa. Ni siquiera a la infidelidad para con uno mismo. No. Yo me refiero, a la infidelidad que todos conocen como una fuerza devastadora, capaz de tumbar al más fuerte y seguro. A esa que cuando llega, parece no dejar nada en pie.

Curiosamente, suele ser un secreto de a dos, aunque implica a tres o cuatro personas, dependiendo de las circunstancias. Y puede llegar a ser un secreto de varios, si los comentarios o los ojos de otros han llegado hasta el "tesoro escondido". De una forma u otra, lo que no cambia es ley: el último en enterarse es el damnificado. Y cuando esto sucede, todo parece desaparecer ante ella.

La infidelidad arrasa con los sentimientos. Provoca dolor, depresión, incertidumbre e ira, entre otras. Puede venir acompañada de perdón, pero jamás de olvido. Puede transformar tu vida en un continuo asecho, colmado de incertidumbre y duda.

Inexorablemente termina por dejar una huella, una herida que, a pesar de cicatrizar, queda la marca.

Nadie habla de vos, porque si de vos se habla, algo malo sucede. O ya sucedió.

Nadie habla de vos, porque te temen. Porque no sos bienvenida. Porque en definitiva marcás que algo no anda bien. Sos el dedo índice acusador, el juez sentenciante de la pena de muerte.

¿Y a quien le gusta admitir, que algo no anda bien? ¿a quien le gusta saber de tu existencia, señalándonos un final, señalándonos un dolor?

Por eso, mejor de vos, No hablar.

Es más, ojalá, no existieras.


 

Recuento.

Me Culpa: Yo fui infiel, y me hago Responsable.

Me hago responsable de que a alguien engañé. Que a alguien le mentí. Nunca llegó a enterarse que lo engañaba, ni que yo le era infiel.

Esa parte de la cuestión me alivia la carga de escribir esto que escribo. De lanzar este hecho del anonimato, a la luz. Porque decidí, que de la infidelidad, también hay que hablar.

Fui infiel, engañé a alguien, pero por suerte, él nunca lo supo. Y este hecho (el que no lo supiera) no me alivió en aquél momento, ni me alivia ahora la carga de haberlo hecho. Me parece que el saber del otro, agrega dolor, pero no quita nada al hecho en sí. Uno siente que está al límite. Uno está pensando todo el tiempo qué decir, y cómo decirlo, para no quedar al descubierto. En definitiva, no sólo uno es infiel sino que además, se termina transformando en una máquina de pensar. De pensar mentiras. Entonces no sólo sos infiel, sino que además, sos un mentiroso. Y si encima, tenés la "desgracia" de que el otro se entere, terminás siendo también, un terrible desgraciado. (La mentira tiene patas cortas, nos guste o no)

Cuando uno es infiel, traiciona la confianza que el otro nos brindó. Y nadie, ni el más tirano y villano de los seres humanos, merece que traicionen su confianza. Porque siendo infiel, estás traicionando nada más y nada menos que la confianza del otro en vos. El otro, cree en vos. No como un Dios pagano. No. Cree en vos, en el ser humano que tiene frente a sí, que no hizo ninguna cosa milagrosa. Cree en vos, lisa y llanamente. Cree en que no vas a mentirle, ni a traicionarlo, y en lo posible, que no vas a herirlo.

Esta confianza, que algunos la dan con cuenta gotas, y atravesando varias pruebas, y que otros otorgan como un cheque a la vista, debería de ser cuasi sagrada. El otro confía en vos, se entrega, y cree en las cosas que le mostrás, que le decís, y que hacés. Pero vos, digamos que no sos del todo sincero, ni del todo confiable.

Yo no fui sincera, y menos aún confiable. El tiempo se encargó de que llegara una sentencia, de que terminara con aquella relación, y que entendiera cuánto daño pude haber hecho, aún cuando el otro no se enteró nunca de lo que hice.

No sé si fue castigo, o algo que tenía que pasar, para que en definitiva llegara hoy, hasta donde llegué. Puede ser un poco de ambas. Lo que sí tengo claro, es que de aquello aprendí. Ya no hablo de infidelidad, no porque no quiera, sino porque aprendí. No porque quiera evitar el tema, sino porque aprendí. La confianza del otro debe ser tan sagrada, como el sol que sale todas las mañanas. Y que crean en vos debería de ser un premio que atesorar, y no que pisotear.

Habrá muchas cuestiones a tener en cuenta, que nos pueden llevar o no a caer en la infidelidad. De uno u otro lado, puede haberlas. Yo me propuse que si las hay, ante todo hay que sincerarse. Hay que hablar, hay que poner todo sobre la mesa. Nos guste o no. Y por respeto al otro, soltarlo si fuera necesario, antes que engañarlo. Dolerá un montón, pero no más que ver dolorida a la otra persona, cuando ya sea tarde.

Carteras y Bolsos: Una cuestión Filosófica


Una tarde para la época de las fiestas, donde las calles están como si hubieran reventado varios hormigueros, salimos con una misión casi imposible: comprar los regalos de navidad. La empresa era divertida, pero lo divertido cedía su lugar a lo aburrido, pesado y problemático. Mucho calor, negocios atestados de gente decidiendo qué llevar, llevándose algo que no iban a comprar; colas interminables para entrar a ver qué había para llevarse, y gente llevándose lo primero que le ofrecían para no tener que soportar las filas y filas otros negocios, o en el mismo. En medio de semejante panorama, poco alentador y entretenido, sumábamos esfuerzos, Marina mi hermana, Lucas, Elías, Aitana y yo.

Acalorados por la temperatura ambiental, y la otra, caminábamos entre la marejada de gente que parecía ir contra nosotros (o nosotros íbamos contra la corriente de gente). Todo nos costaba el doble. Solucionamos un problema cuando llegamos a la casa de carteras "Doga". -"Mamá quería un bolso"- dijo mi hermana, y se hizo la luz ante un interrogante ¡¿qué le íbamos a regalar a mamá?!.

Habían visto un bolso deportivo de marca, en otro negocio. En las casas deportivas, los originales salían más que mucho, pero los que ellas habían visto, eran bien baratitos.
-"De esos no hay"- nos informó una vendedora, que venía de remarcar un par de precios. ¡Qué abuso!, pensé, pero seguí imbuida en la cruel tarea de elegir OTRO. La cuestión era, conseguirle un bolso. -"Uno que haga juego con sus zapatos azules"- dijo mi hermana. Buscamos alrededor, mientras Lucas subía unas escaleras para ver valijas. Después nos contó que donde subió era el depósito, y que en realidad no se podía subir. Travesuras de Peter Pan, pensé.
Seguíamos mirando carteras, ¡malditas carteras, malditos bolsos!. No veíamos ninguno que nos gustara. Que realmente nos gustara. ¿Es un regalo digno para una madre un bolso, que encima va a usar para ir de su casa a nuestras casas a cuidar a los niños? pregunta que a mi, me rondaba la cabeza dos o tres veces por minuto a medida que la vendedora, seguía sacando bolsos.


Salimos con 3 carteras y un bolso, Elías durmiendo en el coche, Aitana pidiendo upa, y muertos de hambre y sed. Parada obligatoria: un kiosco donde arrasamos heladeras y alfajores. Salimos rejuvenecidos, aunque cansados. Marina mira hacia adelante y ve justamente frente al kiosco, el mismísimo bolso que mamá había elegido, el día que salieron juntas.
-"Qué cosa!"- dijo mi hermana en voz alta. -"¡Mirá, es el bolso que quería mami!"- ante lo cual, mi hermana medita algo para sus adentros. Gira la cabeza y pregunta, me pregunta: -"¿cuál es la diferencia entre la casualidad y la causalidad?"-
Me vi obligada a pensar una respuesta correcta.
Dadas las circunstancias, a saber: calor, hambre, cansancio, hastío, gente, gritos, y ruidos, opté por un camino corto. No simple, pero si, corto. Y correcto.
-“A ver… casualidad quiere decir que, hagas lo que hagas, o dejes de hacer, lo que sea que dejes de hacer, o seas como seas, inexorablemente, algo puntual sucederá. Es creer que existe un destino escrito, algo que no puede cambiarse. En cambio la causalidad explica que, todos los hechos suceden como consecuencia de un hecho anterior. Todo responde a la ley de causa-efecto.” – y pensé inmediatamente, que había logrado lo que quería: Corto, sencillo y fácil.
Marina hizo un largo silencio. Siguió caminando mirando sus pies dar cada paso, como quien con cada pisada, mastica algo. Iba como masticando la explicación. Un largo silencio.
Me pareció estar en una película de suspenso, donde todos están esperando el hecho que provoque el salto. Y el salto vino. Se dio vuelta y me miró pensativa pero con una certeza abrumadora.
-“Ah! ¡Entonces, lo de los bolsos fue casualidad! Ahora entiendo.”-
Dí el salto y pensé – no entendió nada –
Marina no me había entendido a mi, o no entendió los conceptos, pero por su respuesta, entendí yo horrorizada, que mi hermana ¡CREE EN EL DESTINO!
Como creo que la primera opción es la verdadera, o sea NO ME ENTENDIO (será que me resisto a pensar que mi hermana cree en el destino) pensé que bien valía la pena una breve aclaración, casi para que nos sirva a todos, y a lo mejor por CAUSALIDAD, mi hermana lo lee, y entiende:

Casualidad VS. Causalidad

Es cierto que inconscientemente, o no, a hechos extraños, misteriosos y asombrosos, o que nos sorprenden, hasta a las coincidencias que parecen no tener una explicación lógica, las enmarcamos con un –“¡pero qué casualidad!”- cuando en realidad, tienen una explicación de su razón de ser. ¿Oculta tras algunos velos que debemos correr? Tal vez. Pero la tiene.
Basta posar nuestros ojos inquisitivos y preguntones para abrir esas puertas que parecen cerradas. Entonces deja de ser casualidad. Algo azaroso, hasta accidental.
Así vemos que, los hechos que coinciden o que hacen a la coincidencia, no son independientes, y escondida o no, hay relación causal entre ellos.
La casualidad queda aparte, se corre y deja lugar a otra cosa muy distinta, que es la Causalidad.
En términos simples, la causalidad esboza la ley de causa – efecto. Y esto no quiere decir otra cosa que: todo hecho, misterioso y sorprendente o no, tiene su razón de ser en otro hecho anterior, y a su vez será efecto de uno nuevo. Una serie de eslabones que van engarzándose, para formar una interminable e infinita cadena.
Así todo cuanto sucede viene de algo, e indefectiblemente se dirige hacia alguna parte. Nada es estático, ni rígido. Todo está por escribirse, y nadie más que nosotros, seremos los autores.
Así, sin casualidades y sí con causalidades, seremos responsables de nuestros propios destinos.

Responsables, entiéndase bien y archívese.
Si elige no serlo, a lo mejor su vida sí estará llena de casualidades.
Yo por mi parte ELIJO que esté llena de las otras.

Tal vez entonces, la próxima vez, piense y diga: “¡QUE CAUSALIDAD!”.


Acá les dejo algunas frases y refranes

“Las causas están ocultas. Los efectos son visibles para todos.”
Ovidio (43 AC-17) Poeta latino
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Quien siembra vientos recoge tempestades.
Refrán

“Cuanto más planifique el hombre su proceder, más fácil le será a la casualidad encontrarle.”
DURRENMATT, Friedrich

“Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.”
VOLTAIRE, François-Marie Arouet